2,4-D

Artículo escrito por Richard Isenring, basado parcialmente en un borrador de Ronald Macfarlane para PAN Asia y el Pacífico.

El herbicida 2,4-D se ha transformado en uno de los matamalezas más usados desde su aparición en la década de 1940. El ingrediente activo es un poderoso irritante para los ojos, ha demostrado alterar los sistemas hormonales y puede causar otros efectos crónicos sobre la salud.
¿Qué es el 2,4-D?
El plaguicida 2,4-D (abreviatura de ácido 2,4-diclorofenoxiacético) se presenta en forma de sal de amonio (amina) o de éster.1 Sus sales son absorbidas rápidamente por las raíces, en tanto que los ésteres son absorbidos rápidamente por las hojas; el ingrediente activo es transportado luego a través de toda la planta, actuando como un inhibidor del crecimiento, al imitar a la hormona auxina de la planta.1 Controla selectivamente las malezas de hoja ancha en los cereales (luego de que han brotado los cultivos), en los pastizales, los bosques, los parques y los jardines caseros; también se usa para controlar las malezas acuáticas de hoja ancha.1

Uso
El 2,4-D se encuentra entre los plaguicidas más utilizados en el mundo. Apareció inicialmente en la década de 1940 y es actualmente el ‘mayor éxito de ventas’ entre los ácidos o ésteres clorofenoxi, una clase de compuestos similares que se usan como herbicidas.2 La mayoría de ellos se vende en mezclas con otros herbicidas, a fin de aumentar el espectro del control de malezas.2 En el sector no correspondiente a cultivos el 2,4-D estuvo entre los cinco plaguicidas más utilizados a nivel global.3

Los surfactantes o ‘agentes activos a nivel de superficie’ que se agregan al herbicida para reducir la tensión superficial, ayudan a emulsionar las soluciones líquidas y a aumentar su capacidad para esparcirse sobre las superficies.4 Algunos productos a base de 2,4-D contienen kerosene como surfactante,5 lo que resulta peligroso para la salud: su inhalación puede causar daño neurológico; el contacto con la piel, si es prolongado o repetido, puede ocasionar dermatitis; cuando se ingiere o se inhala puede causar inflamación de las vías respiratorias y neumonitis, y puede provocar un edema pulmonar (exceso de líquido en los tejidos) .6 En otras formulaciones de 2,4-D,7 se usa como surfactante la triisopropanolamina, lo que puede causar irritación del tracto respiratorio; su inhalación puede resultar fatal, como consecuencia de un espasmo, de neumonitis y edema.8 También se usa la dimetilamina, 9 y la exposición a ella puede causar una irritación grave de la piel y quemaduras. Cuando se inhala puede causar lesiones en las vías respiratorias altas y edema pulmonar.10
Toxicidad a corto plazo del 2,4-D
La toxicidad aguda se refiere a los efectos inmediatos (0-7 días) de la exposición a una sustancia. La Organización Mundial de la Salud (OMS) clasifica al 2,4-D en la categoría II de toxicidad: ‘Moderadamente peligroso’.11 El 2,4-D puede irritar los ojos, la piel y las vías respiratorias.12,13 En forma de ácido y de sal ‘se considera un grave irritante de los ojos’ y consecuentemente entra en la categoría I de toxicidad (‘Peligro’) en lo que respecta a la irritación ocular.14 Respirar el 2,4-D puede causar tos, quemaduras, mareos y pérdida temporal de la coordinación muscular; otros síntomas de envenenamiento pueden ser la fatiga y la debilidad, con posibles náuseas.15 En lo que respecta a la respiración, se ha encontrado que ‘la exposición agrícola a las formulaciones comerciales de ácido 2,4-diclorofenoxiacético (2,4-D) y ácido 4-cloro-2-metilfenoxiacético (MCPA) pueden causar efectos inmunosupresores a corto plazo’.16 La inhalación del ingrediente activo puede resultar más probable con los ésteres de 2,4-D, ya que son más volátiles que las sales.17
Exposición prolongada al 2,4-D y efectos crónicos
La exposición prolongada al 2,4-D ha causado efectos sobre el sistema nervioso de los seres humanos y de los animales.18-20 La exposición a grandes cantidades causa rigidez de las extremidades21,22 y daños al hígado y a los riñones.13 Se ha detectado hepatitis y una forma de esclerosis en las personas expuestas a los plaguicidas que se usan para el césped.23,24 Se observó que el 2,4-D actúa sobre los sistemas inmunitario y endocrino en animales sometidos a pruebas,25-27 y hay evidencia de que el 2,4-D causa defectos de nacimiento y afecta la reproducción en los animales y en los seres humanos.28-30 Se han observado efectos dañinos para el desarrollo en los animales.31-33

Estudios realizados en Estados Unidos y en Canadá encontraron una asociación entre la mortalidad por cáncer y las áreas tratadas con herbicidas,34,35 y se halló que la incidencia del linfoma no Hodgkin (LNH, un tumor maligno) y de varios tipos de cáncer era más alta entre agricultores que aplicaban herbicidas.36-42 Se ha relacionado a los herbicidas a base de ácido clorofenoxiacético (éster) con un aumento del riesgo de LNH, del sarcoma de los tejidos blandos (tumor de los tejidos conectivos) o de mieloma (tumor de la médula ósea).43-46 Se ha vinculado el aumento del riesgo de cáncer a la vejiga en los perros con los herbicidas fenoxi.47 Dos estudios encontraron un exceso de LNH entre agricultores expuestas al 2,4-D 48,49 y se observó una correlación entre el uso de 2,4-D y la incidencia de cáncer en California, entre los hombres hispanos (que tradicionalmente trabajan en la agricultura en California).50 Hay opiniones divididas acerca del potencial del 2,4-D para causar cáncer, ya que es probable que el aumento que se ha observado en el riesgo de cáncer entre los trabajadores de la industria agroquímica haya sido causado en parte por los contaminantes.51 En 1994 se comprobó que tres de cada ocho muestras de productos a base de 2,4-D contenían dioxinas.52 En pruebas realizadas con embriones de plantas y de pollos el 2,4-D causó aberraciones cromosómicas y otros efectos genotóxicos.53-55 Se encontró que las células blancas de la sangre de los aplicadores de plaguicidas que habían estado fumigando únicamente con 2,4-D durante un período de tres meses, tenían una proliferación más alta que antes de la exposición y en comparación con un grupo de control.56,57 Un estudio destinado a evaluar el riesgo de cáncer derivado de la exposición al 2,4-D concluyó que ‘la evidencia de que el 2,4-D cause cáncer en los seres humanos es inadecuada para clasificarlo según su riesgo cancerígeno'.58 La Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (International Agency for Research on Cancer, IARC) clasifica al 2,4-D como ‘posible carcinógeno para los seres humanos’ (clase 2B).59 En una evaluación preliminar de riesgos, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (Environmental Protection Agency, EPA) ‘identificó varios escenarios de uso limitado donde los riesgos parecen ser elevados’ y afirmó que estos ‘están restringidos a usos que involucran su aplicación directa en el agua, lo que causa una preocupación potencial respecto del agua potable proveniente de esos cuerpos de agua’.60 Actualmente la EPA está considerando realizar una Revisión Especial del 2, 4-D.61

Destino final en el media ambiente e impacto ecológico del 2,4-D
In soil 2,4-D is degraded quite rapidly (the half-life or time for reduction by 50% in different soils ranged from 3 days to 22 days).62 2,4-D was found to be 'weakly sorbed by soil' and sorption 'generally increased with increasing soil organic carbon content'; the rate of 2,4-D degradation depended on the composition and pH of soils.62Degradation has been found to proceed more slowly in soil under trees.63 A study that measured residues of herbicides in water of soil samples from Canadian prairie farms found that 2,4-D was the most frequently detected herbicide (it has been used in large amounts on the Canadian prairies for more than 50 years), and that 'under appropriate environmental conditions, the bottom sediments may act as a source of herbicides to the water column'.64 The authors of this study observed that 'on occasion maximum herbicide concentrations did exceed aquatic life and irrigation water guidelines'.64It has been reported that in addition to agricultural usage urban usage 2,4-D and MCPA [4-chloro-2-methylphenoxyacetic acid] 'contributed to loadings along the Red River'.65 2,4-D has been measured in pond water at concentrations of up to 0.29 part per million (ppm).66 2,4-D is 'Moderately hazardous' to certain bird species (e.g. to pheasants, as classified by the WHO),67 and it is 'Moderately toxic' to some fish species (according to Kamrin 1997).68 Esters are toxic to fish,69 especially the butoxyethyl (butotyl) ester.70 In Greece the survival rates of young tortoises exposed to annual spraying with 2,4-D and 2,4,5-trichlorophenoxyacetic acid (2,4,5-T) were 'significantly lower in the affected areas'.71 The US EPA has assessed the environmental risks of 2,4-D and believes that '2,4-D exposures through spray drift and runoff present the greatest potential risks to terrestrial plants, mammals, and birds compared to the other taxonomic groups evaluated in this assessment, while exposures to 2,4-D through the direct application to water for aquatic weed control present the greatest potential risk to aquatic plants and animals'.72 And the authors state that 'it should be noted that there will still be exceedances of LOCs [Levels of Concern] for non-target terrestrial plants, small mammals, and birds for the lower label rates for major uses'.71

El 2,4-D se degrada con bastante rapidez en el suelo (la vida media o tiempo de reducción al 50% en diferentes suelos varía desde 3 hasta 22 días).62 Se observó que el 2,4-D era ‘absorbido semanalmente por el suelo’ y que la absorción ‘aumentaba por lo general con el aumento del contenido de carbón orgánico del suelo’; la tasa de degradación del 2,4-D dependía de la composición y del pH de los suelos.62 Se encontró que la degradación ocurría con mayor lentitud en el suelo bajo los árboles.63 Un estudio que midió los residuos de herbicidas en el agua contenida en muestras de suelos de predios agrícolas de la pradera canadiense, encontró que el 2,4-D era el herbicida detectado con mayor frecuencia (se ha usado en grandes cantidades en las praderas canadienses por más de 50 años) y que ‘bajo condiciones ambientales apropiadas, los sedimentos del fondo pueden actuar como una fuente de herbicidas para la columna de agua'.64 Los autores de este estudio observaron que ‘en ocasiones, las concentraciones máximas de herbicida sí excedían las normas para la vida acuática y el agua de riego'.64 Se ha dado a conocer que además del uso agrícola, el uso urbano del 2,4-D y del MCPA [ácido 4-cloro-2-metilfenoxiacético] 'contribuyó a los volúmenes de residuos detectados a lo largo del Río Rojo'.65 En el agua de las lagunas se han medido concentraciones de 2,4-D que llegan hasta 0,29 partes por millón (ppm).66 El 2,4-D es 'Moderadamente peligroso' para ciertas especies de aves (por ejemplo, los faisanes, según la clasificación hecha por la OMS),67 y es 'Moderadamente tóxico' para algunas especies de peces (según Kamrin 1997).68 Los ésteres son tóxicos para los peces,69 especialmente el éster butoxietil (butotil).70 En Grecia las tasas de supervivencia de las tortugas jóvenes expuestas a fumigaciones anuales con 2,4-D y con ácido 2,4,5-triclorofenoxiacético (2,4,5-T) fueron 'significativamente más bajas en las áreas afectadas'.71 La EPA evaluó los riesgos ambientales del 2,4-D y estima que 'la exposición al 2,4-D a través de la desviación de las fumigaciones y del escurrimiento del producto presenta el mayor riesgo potencial para las plantas, mamíferos y aves terrestres, comparados con los otros grupos taxonómicos considerados en esta evaluación, en tanto que las exposiciones al 2,4-D a través de la aplicación directa en el agua, para el control de las malezas acuáticas, presenta el mayor riesgo potencial para las plantas y animales acuáticos'.72 Y los autores expresan que 'hay que señalar que aún habrá excedencias de los niveles de preocupación (Levels of Concern, LOC) para las plantas, los pequeños mamíferos y las aves terrestres que no constituyen blanco, en las proporciones más bajas indicadas por las etiquetas, para los usos principales'.71

Conclusiones

Una evaluación de seguridad concluyó que los datos epidemiológicos no indican que el uso continuado de 2,4-D presente una amenaza para la salud pública, que se pueda medir, y que no es de esperar que los niveles de 2,4-D a los que los seres humanos se expondrían en condiciones operativas normales causen algún efecto inmunológico, neurológico, reproductivo o relacionado con el desarrollo'.73 Sin embargo un estudio mostró que los niveles de exposición en niños pequeños mantenidos en interiores, una semana después de la aplicación de 2,4-D en el césped, ‘se estimaron como 10 veces superiores a los niveles de exposición previos a la aplicación’. Se consideró también que la exposición no relacionada con la dieta contribuyó ampliamente a la exposición total luego de la aplicación.74 El 2,4-D fue prohibido en Dinamarca y Noruega y cancelado en Suecia,75 y en vista de la evidencia disponible acerca de sus riesgos para la salud y el medio ambiente, el 2,4-D debería ser sustituido por alternativas más seguras y su uso debe ser reducido de manera significativa, especialmente en los países en desarrollo, donde los equipos de protección de los agricultores son generalmente insuficientes.


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[This article first appeared in Pesticides News No. 65, September 2004, pages 20-21]