INFORME SOBRE LOS RIESGOS SANITARIOS Y AMBIENTALES DEL MALATHIÓN

por: Dr. Raúl A. Montenegro, Biólogo *
Córdoba, Argentina
enero de 2001

1. INTRODUCCIÓN

La Cátedra a mi cargo y la Fundación para la defensa del ambiente (FUNAM), tras evaluar la solicitud de realización de un informe técnico sobre los efectos del insecticida Malathión realizado por los vecinos del valle de Traslasierra en la provincia de Córdoba, realizamos el presente trabajo. Este Informe cuenta con el aval de FUNAM y de la Cátedra de Biología Evolutiva Humana, pero la Universidad Nacional de Córdoba, a la cual pertenece dicha Cátedra, no necesariamente comparte sus opiniones y contenido. El trabajo puede ser utilizado a todos los fines que hubiere lugar, respetando su texto y mencionando la fuente, en salvaguarda de la salud de los habitantes del valle de Traslasierra y de toda otra zona real o potencialmente afectada por la aplicación de Malathión.

El desarrollo de los insecticidas fosforados se atribuye a Gerhard Schrader, quien trabajaba en la Compañía Química Bayer a comienzos de la década de 1930. Schrader sintetizó numerosos compuestos, pero dos de ellos fueron notables: el TEPP (tetraetilpirofosfato) y el Schradan, otro pirofosfato. Aunque este último fue usado varios años se lo descartó por ser altamente tóxico. Schradan fue el primer insecticida sistémico. Bayer desarrolló además organofosforados para ser usados en guerra química: la Sarina, el Somán y el Tabún. La Sarina tiene una toxicidad oral aguda de aproximadamente 0,01 mg/kg, esto es, dos órdenes de magnitud más tóxica que el producto comercial más extremadamente tóxico (WCB, 1998).

El Malathion es un derivado de estos primeros desarrollo. Su nombre químico es O,O dimetil-S-1,2-di (carboetoxi) etil fosforoditioato. La palabra raíz es "fosfato", en este caso ditio fosfato, pues tiene dos átomos de azufre en la molécula. Los grupos funcionales adosados al fosfato son dos grupos metilo conectados con los átomos de oxígeno del grupo fosfato. La estructura "raíz" puede ser llamada fosforotionotiolato para describir más correctamente donde están adosados los átomos de azufre. Tiono define al azufre con doble enlace y tiolo al azufre con enlace simple (WCB, 1980).
El uso del Malathión se extendió por cuatro razones fundamentales: toxicidad relativamente baja para mamíferos, reducida persistencia, amplio espectro y bajo precio. Puede considerárselo "el DDT" de los organofosforados. Sin embargo, y al igual que el DDT, su uso fue más rápido que los estudios para determinar su real impacto. En los últimos veinte años se acumuló una abundante evidencia bibliográfica que describe los efectos negativos del Malathión sobre la salud humana y los ecosistemas. Parte de esa evidencia se concentró sobre la variabilidad química del Malathión, y cómo derivan de él compuestos mucho más tóxicos. La tragedia de Pakistán, con 2.800 envenenados y 5 muertes por Isomalathión (Aldridge y otros, 1979), mostró que el Malathión ya no podía ser considerado aisladamente de sus moléculas acompañantes.

El Malathión no es por lo tanto un insecticida puro sinó un "complejo" que incluye, además del Malathión propiamente dicho, impurezas como los trimetil fosfatos y el Malaoxón e incluso ingredientes "inertes" de alto riesgo. Además de "complejo" es por lo tanto "variable", y de variación poco predecible. En muchos casos los derivados de su propia molécula son varias decenas de veces más tóxicos que el Malathión puro. Lamentablemente, los marbetes de las formulaciones comerciales se refieren, por lo general, al Malathión puro y no al "complejo" Malathión.

En realidad nunca se demostró que las dosis bajas del complejo Malathión fueran inocuas. Muy por el contrario, esas bajas dosis han podido asociarse a innumerables efectos deletéreos. La revisión de Loretta Brenner, que fue fundamental para la realización de este trabajo, resume adecuadamente los efectos del Malathión y sus derivados (Brenner, 1992). Actualmente el Malathión es considerado cancerígeno (aunque la EPA de Estados Unidos estime que este riesgo se encuentre dentro de límites aceptables), mutagénico, teratogénico, hepatotóxico, neurotóxico, dañino para la vista, perjudicial para el sistema reproductor, ecotóxico etc. (Brenner, 1992; CNN, 2000). Dado que el complejo Malathión provoca daños en la salud humana y los ecosistemas, y que sus funciones biocidas pueden ser reemplazadas por sistemas de control como el MIP, Manejo Integrado de Plagas, cabe aplicarle el "Principio de Precaución" y desplazar su uso.

2. DENOMINACIONES DEL MALATHIÓN.

2.1. Nombres comunes.

Malathion, Malatión, Mercaptotion, Carbofos, Marcaptotion, Maldison.

2.2. Nombre químico.

Estos son algunos de sus sinónimos: (a) O,O dimetil-S-1,2-di (carboetoxi) etil fosforoditioato; (b) [O,O-dimetil S-(1,2-dicarbetoxietil) fosforotioato]; (c) Fosforoditioato del O,O-dimetil dietilmercaptosuccinato; (d) [O,O-dimetil-S-(1,2-dicarbetoxietil) ditiofosfato]; (e) S-éster del dietilmercaptosuccinato con fosforoditioato de O,O-dimetil; (f) dietil (dimetoxitiofosforiltio) succinato (IUPAC); (g) S-1,2-bis (etoxicarbonil) etil O,O-dimetil fosforoditioato (IUPAC); (h) dietil [(dimetoxifosfinotioil) tio] butanodioato (CAS). Su número en la Chemical Association of America es # 121-75-5 (CAS).

El Malathion se utiliza por lo menos en tres formas de acuerdo a su grado de pureza: el Malathión puro para trabajo de laboratorio, el Malathión para uso medicinal (Malathión USP en los Estados Unidos, por "United States Pharmacopeia" y el Malathión técnico (o comercial).

El Malathión "puro" responde a la fórmula dada más arriba. El Malathión para uso medicinal tiene un contenido promedio del 99,7% de Malathión. Los fabricantes, que generalmente minimizan los riesgos de estos productos, declaran que las formulaciones con Malathión USP no tienen trimetil fosfotioatos, pero sí Malaoxón (<0,03%) e Isomalathión (<0,01%) (The Dermatology Company, 2000). El Malathión técnico, en cambio, tiene Malathión más una cierta cantidad de impurezas derivadas de su fabricación, incluidos ingredientes inertes "secretos" y de procesos químicos desarrollados durante su almacenamiento. Su contenido en Malathión puro es de un 90% aproximadamente.

2.3. Propiedades.

El Malathión tiene un peso molecular de 330,36. Su punto de fusión se alcanza a los 2,8 ºC y el de ebullición a los 156 ºC. Densidad a 20 ºC: 1,2076 g/cm3. Presión de vapor a 30 ºC: 0,004 mm Hg. El Malathión hidroliza a un pH >7 y <5. Es ligeramente soluble. Su solubilidad acuosa a 25 ºC es de 3,36 mol/l (ligeramente soluble) (Lide, 1994).

2.4. Nombres comerciales.

Calmathion, Carbeto, Carbophos (en la exUnión Soviética), Celthion, Cythion, Emmatos, Emmatos Extra, Faifanone 57, For-Mal, Fyfanon, Hilthion, Karbofos, Kop-Thion, Kypfos, Malaspray, Malamar, Malathion, Malathion 57 EC, Malathion ULV Concentrado, Malatol, Maldison (en Australia y Nueva Zelandia), Malexian 50 WP, Malothon, Malmed, Mercaptothion (Sudáfrica), Phosphoton, Zithiol. Su primer fabricante fue American Cyanamid Co.

Actualmente hay unos 14 grandes productores primarios en todo el mundo. Solamente en los Estados Unidos la EPA registraba, en 1987, un total de 342 empresas dedicadas a su formulación y manufactura, y 1.218 productos (EPA, 1988; Brenner, 1992).

El Malathión se expende en distintos formatos, solo o en combinación con otros plaguicidas. Sus distintas formulaciones "técnicas" permiten: rociados terrestres, rociados aéreos, aerosoles, nieblas, cebos, pinturas, collares para mascotas, baños animales y bolsas con polvo de Malathión (EPA, 1988; Farm Chemical Handbook, 1991). El Malathión grado medicinal contra la pediculosis se expende, por ejemplo, como loción y shampoo.

3. ENVASES Y ALMACENAMIENTO

3.1. Envases.

Los envases comerciales varían notablemente en formato, composición de los materiales de recubrimiento y capacidad. Es importante recordar que los envases descartados no pueden ser reutilizados. Los organismos de control deben poner a punto sistemas de recolección y gestión de envases para reducir su impacto ambiental. Los mismos tienen que ser tratados y dispuestos en forma apropiada, aislados de agua, suelo, aire y alimentos. No deben ser enterrados ni tampoco quemados.

Es frecuente que las empresas no se hagan cargo de la recolección y tratamiento de los envases de descarte que producen los consumidores. Este modelo debería cambiarse en forma gradual mediante la aprobación de leyes nacionales y provinciales que establezcan vínculos obligatorios entre la industria y sus envases de descarte.

Los recipientes de mezcla y aplicación sólo pueden dedicarse a este uso, y al finalizar su vida útil deben ser tratados como los envases comerciales de descarte. En ningún caso deben quemarse los campos y ambientes donde se haya aplicado Malathión.

3.2. Conservación.

En la introducción y otros capítulos de este trabajo se insiste en la variabilidad química del complejo Malathión. Distintos trabajos (ver más adelante) indican que tanto el tiempo transcurrido desde su fabricación como la exposición al calor son en parte responsables de su diversidad química e incluso de su mayor toxicidad. Este hecho alerta sobre la necesidad de que todo producto a base de Malathión tenga impreso en el marbete la fecha de elaboración, indicaciones sobre las temperaturas óptimas de almacenamiento y fecha de vencimiento. También deben recalcar los riesgos del almacenamiento prolongado y alertar sobre el posible contenido de impurezas tóxicas. Es inadmisible que se expenda Malathión con envases y marbetes que no hacen referencia a estas impurezas.

Sin perjuicio de otra normativa aplicable, las industrias que no aclaren tales aspectos podrían estar violando los Artículos 4º y 6º de la Ley Nacional de Defensa del Consumidor 24.240 que se promulgó el 13 de octubre de 1993.

4. TIPO DE PLAGUICIDA. PRINCIPALES USOS

El Malathión es un insecticida organofosforado no sistémico de amplio espectro. Ingresa a los "blancos" sobre todo por ingesta y por el aire que toman los espiráculos (pues los insectos tienen respiración traqueal, no pulmonar). Su inespecificidad hace que a las dosis utilizadas contra la mosca de las frutas por ejemplo (Tephritidae), resulte tóxico y letal para la mayor parte de los insectos con una biomasa similar. De allí que su uso (ver más adelante) produzca "vacíos" a nivel de la fauna local de insectos, incluidas aquellas especies que actúan como controladoras naturales. Este efecto indeseado disminuye la biodiversidad y crea condiciones para la aparición de otras plagas. También afecta, con igual letalidad, a otras clases y órdenes de artrópodos.

Hasta mediados de 1998 el Malathión tenía uso permitido en los Estados Unidos sobre 140 cultivos y plantaciones, pero en julio de ese año la EPA revocó su utilización en 50 de ellos. Cheminova, uno de los principales productores de Malathion en los Estados Unidos, apeló esa decisión para que se renovasen las autorizaciones (Hollingsworth, 1998).

El Malathión se usa para el control de una amplia variedad de insectos y arácnidos, entre ellos pulgones (Homoptera: Aphididae), langostas y otros ortópteros (Orthoptera: varias familias), insectos escama (Homoptera: varias familias), mosca de las frutas (Diptera: Tephritidae), mosca común (Diptera: Muscidae), mosquitos (Diptera: varias familias), ácaro rojo (Arachnida: Acarina) etc. El Malathion se usa frecuentemente para el control del mosquito adulto en los programas de salud pública (National Wildlife Federation,1984).

5. RESTRICCIONES DE USO

Tiene uso restringido en Sri Lanka, Indonesia y países de la exUnión Soviética. Sigue siendo, sin embargo, uno de los plaguicidas más utilizados pese a sus riesgos.

La creciente evidencia sobre los efectos adversos de este organofosforado podría hacer que se repita la historia del DDT, uno de los primeros organoclorados usados a gran escala y que finalmente se prohibió.

En Estados Unidos ha crecido notablemente en la década de 1990 la protesta pública contra el uso del Malathión, sobre todo durante las campañas para el control de la mosca de las frutas y otros insectos. Las principales crisis se han registrado en zonas urbanas. Steve Johnson, Administrador de Pesticidas de la Environment Protection Agency de los Estados Unidos (EPA) considera al Malathion "uno de las más riesgosas clases de químicos" (Hollingsworth, 1998). En ese país el uso agrícola, responsabilidad del U.S. Department of Agriculture (USDA), tiene que obtener los permisos de la EPA. En una nota dirigida por James Jones, Director de la División Registros de la EPA, indicó que él y su staff estaban dispuestos "a trabajar con ustedes [el USDA] para asegurar que cualquier nuevo pedido [de autorización] sea desarrollado de un modo consistente con las obligaciones legales de la EPA para proteger al público y al ambiente de los efectos adversos e irrazonables provocados por los plaguicidas" (EPA, 1997).

En el año 2000 la EPA condujo un proceso de revisión del Malathión. La fecha de cierre para el ingreso de los comentarios públicos y de las empresas privadas cerraron el 11 de julio de 2000.

En mayo de ese año la EPA distribuyó un informe preliminar donde por primera vez reconoce los efectos carcinogénicos del Malathión. Carol Browner, Administrador de la EPA, indicó que "hay sugerida evidencia de carcinogenicidad. [Pero] nosotros no hemos hecho una determinación final" (CNN, 2000). El portal abierto para el público (OPP-34223) generó una intensa participación de ONGs, Universidades y público en general. Este proceso contrasta con las decisiones unilaterales y por lo general sin fundamento técnico preciso que toman las administraciones locales, entre ellas el área de Agricultura del Gobierno de Córdoba. Parte de las respuestas a los planteos públicos pueden consultarse en el memorándum de la EPA fechado el 6 de octubre de 2000, emitido por Paula A. Deschamps, Asesora de Riesgos de la Environmental Protection Agency (EPA, 2000).

El 9 de noviembre de 2000 esa Agencia de los Estados Unidos colocó en su página de Internet una revisión de los riesgos sanitarios y ecológicos (www.epa.gov/pesticides/op/malathion.htm). El 8 de noviembre de 2000 Brian Dementi, Toxicólogo Senior del HED (Toxicology Branch), presentó un informe donde fundamenta criterios opuestos a los sostenidos por los Comités sobre Cáncer y No Cáncer. Dada la experiencia de su autor, resulta evidente que los informes manejados hasta ahora no pueden considerarse definitivos (Dementi, 2000). El debate, por lo tanto, continúa

6. INGREDIENTES SECRETOS DEL MALATHION

Al igual que otros plaguicidas el Malathión contiene una serie de componentes presentados como "inertes" que no son identificados en el marbete del producto comercial. En general existe muy poca información disponible sobre estos ingredientes.

Por lo menos dos formulaciones comerciales contienen xilenos (MSDS, 1992; Chaturvedi y otros, 1989), un compuesto que estuvo presente en un caso fatal de intoxicación (Chaturvedi y otros, 1989). La exposición crónica a los xilenos produce daño en hígado y riñón, piel, ojos y médula espinal (Dean, Poje y Burke, 1987). También se asocia con una disminución en la ganancia de peso del feto y con la muerte fetal (U.S. Department of Health and Human Services, 1990: Brenner, 1992). La exposición aguda produce irritación de ojos, nariz y garganta, y puede provocar dolor de cabeza, naúseas, vómito, cansancio, dolor de estómago, vértigo, alucinaciones, pérdida de la conciencia y muerte (Dean, Poje y Burke, 1987). Otros efectos descritos incluyen pérdida de la memoria, falta de coordinación y pérdida de la audición. (U.S. Department of Health and Human Services, 1990; Brenner, 1992).

7. IMPUREZAS DEL MALATHION

7.1. Trimetil fosfatos. El Malathion es sintetizado mezclando ácido dimetil fosforoditioico con 1,2 (dicarboxietil) etileno. La síntesis de Malathion se completa hasta en un 90% bajo condiciones relativamente suaves. Su precursor, el ácido dimetil fosforoditioico, sufre reacomodamientos y el producto final contiene un 10% de materiales que no son Malathion. El envenenamiento por Malathion registrado en Pakistán (1976) fue provocado, precisamente, por estas impurezas (sustratos traza de la reacción, productos). Estudios posteriores mostraron que la mayor toxicidad oral se registraba en productos comerciales menos puros (WCB, 1998).

Se han identificado 14 impurezas. La más extendida y frecuente es el Isomalathion, un trimetil fosfato. Otras impurezas: O,O,O-trimetilfosforotioato (TMP=S); O,O,S-trimetilfosforotioato (TMP) y O,S,S-trimetilfosforoditioato (TMPD). Ratas alimentadas con una dosis tan pequeña como 20 mg/kg de TMP murieron a lo largo de tres semanas. Iguales resultados se obtuvieron para la misma dosis de TMPD (Fukuto, 1983).

Es interesante señalar que estas impurezas pueden actuar entre sí, aumentando o disminuyendo la toxicidad del producto comercial. El TP I, cuyo modo de acción no se conoce bien, puede ser bloqueado por la presencia de TP II. Pruebas con Malathion puro y Malathion con distintos porcentajes de impurezas (0,0 al 5,0% por ejemplo) hicieron que la dosis oral aguda variase unas 6 veces (WCB, 1981).

El almacenamiento del Malathion comercial a temperaturas iguales o superiores a 40 ºC produce la conversión del Malathion en Isomalathion. El Isomalathion es 6 veces más tóxico para los mamíferos que el Malathión (Craigmill, 1981). Experimentalmente se comprobó que el Malathión almacenado a 40 ºC durante 6 meses fue 33% más tóxico para ratón que el Malathión no almacenado (Baker y otros, 1978). El Malathión incrementa su contenido de impurezas durante su almacenamiento, especialmente 3-6 meses después de su fabricación. Se observó que la velocidad de formación del O,S,S-trimetil fosforoditioato y otras impurezas aumentaba rápidamente cuando se exponía el Malathión a altas temperaturas. Los trimetil fosforotioatos también se forman por fotólisis (Sinclair, 2000a; 2000c).

La exposición del Malathión a la luz (Umetsu y otros, 1981), humedad relativa alta durante el almacenamiento (Mason y Crozier, 1988) y formulaciones con ciertas arcillas y surfactantes pueden incrementar la formación de contaminantes en el Malathión (Rengasamy y Parmar, 1988; Umetsu y otros, 1981).

Reiner y Radic desarrollaron un test enzimático para detectar las impurezas de Isomalathion en polvos hidro dispersables de Malathion (Reiner y Radic, 1986).

7.2. Malaoxón. El Malaoxon es un metabolito producido por la oxidación del Malathión en el organismo de mamíferos, insectos y plantas. También se genera por acción del Sol y acción bacteriana. El Malaoxón es 40 veces más tóxico que el Malathión puro (Brodeur y Dubois, 1967; Aldridge y otros, 1979; Brenner, 1992). En ratas tanto el Malathión como el Malaoxón son más tóxicos en inmaduros que en adultos debido a la menor tasa de desactivación del insecticida en los hígados de los más jóvenes (Brodeur y DuBois, 1967).

8. PERSISTENCIA DEL MALATHIÓN Y SUS IMPUREZAS. MALATHION RESIDUAL

8.1. Degradación del Malathión. Persistencia.

(a) Degradación. El Malathión es degradado vía mecanismos físico-químicos, en particular hidrólisis y fotólisis, y por biodegradación (oxidación en el interior de los organismos, degradación bacteriana, degradación en vegetales) (Muffels y otros, 2000; Brenner, 1992). Entre los microrganismos que degradan plaguicidas organofosforados se mencionan los géneros Pseudomonas, Streptomyces y Thiobacillus, y algunos hongos del género Trichoderma (Mayfield, 2000).

Debe tenerse en cuenta, sin embargo, que la ruptura de la molécula de Malathión puro no implica el cese de sus efectos tóxicos, dado que el proceso puede generar derivados incluso más peligrosos y persistentes que el propio Malathión. Durante un experimento conducido por N.E. Barlas de la Heteppe University de Turquía se observó que 10 días después de aplicar Malathión en suelo el organofosforado se había reducido a ¼ parte del contenido original, y que se habían formado derivados, entre ellos un 14% de ácido monocarboxílico y un 8% de Malaoxón. Tras exponer ratones al Malathión y a sus productos de ruptura halló efectos negativos durante el período de las 15 semanas siguientes a la aplicación. Estos efectos incluían disminución del peso del bazo y cambios significativos en los tests sanguíneos del hígado (Barlas, 1996).

(b) Persistencia en agua. En los ecosistemas acuáticos la vía más frecuente de degradación es la hidrólisis, esto es, la ruptura de la molécula al reaccionar químicamente con el agua. Esta hidrólisis se incrementa cuando crece la alcalinidad (Guerrant, Fetzer y Miles, 1970) y la temperatura (Wolfe y otros, 1975). Se considera que la vida de la molécula del Malathión puro en agua varía entre 1,5 días (Wolfe y otros, 1975) y 21 semanas (Howard, 1991). En un río bajo observación el 30% del Malathión inicial estaba presente 30 días después (Wang, 1991). En el agua la luz suele competir con la hidrólisis. La actividad microbiana y la interacción con sedimentos puede aumentar la degradación, un fenómeno importante en ambientes de estuario (Wang, 1991; Cotham y Bidleman, 1989). Sin embargo las altas concentraciones de Malathión son tóxicas para los microrganismos (Singh y Seth, 1989).

Bourquin y Cook demostraron que la interacción entre Malathión y microrganismos de los sedimentos en ambientes estuarinos aumenta significativamente la tasa de degradación. Se halló que el Malathión no es usado como fuente primaria sinó como fuente secundaria de carbono. Entre los productos enzimáticos que sugieren este uso secundario figuran ácidos mono y dicarboxílicos que derivan del Malathión (Bourquin y Cook, 1973). Con el aumento de la salinidad y la formación de derivados monocarboxílicos la tasa de degradación del Malathión crece muy rápidamente (Muffels y otros, 2000).

(c) Persistencia en suelo. El Malathión es degradado más rápidamente en suelo que en agua (Miles y Takashima, 1991). Se considera que la vida de la molécula de Malathión puro en suelo varía de 24 horas a un promedio de 6 días (Howard, 1991). Otros autores consideran que se extiende hasta los 25 días (Extoxnet, 2000; Muffel y otros, 2000).

La tasa de degradación se incrementa cuando crece la humedad y decrece la acidez (Miles y Takashima, 1991). Tanto la hidrólisis como la actividad microbiana son importantes factores de degradación del Malathión, aunque suele predominar la bacteriana (Paschal y Neville, 1976).

Según el NYSDOH, el Malathion permanece relativamente estable, a pH = 5, durante 147 días (Simon, 2000).

8.2. Persistencia de las impurezas.

El Malaoxón, uno de los derivados más tóxicos del Malathión, tiene una vida media de 5 días en suelos neutros, pero persiste varios días más si las condiciones son ligeramente ácidas (Paschal y Neville, 1976).

8.2. Residuos del Malathión. Acción residual

Uno de los argumentos más utilizados para fomentar el uso del Malathión es su presunta corta vida como principio activo. Si bien se hidroliza con facilidad, es interesante advertir que la U.S. Food and Drug Administration de los Estados Unidos (FDA), al realizar análisis de residuos, halló que el Malathión es el plaguicida más comúnmente detectado en los productos alimenticios (FDA, 1992). Los residuos del Malathión fueron encontrados en el 18% de los 936 items de alimento bajo control, lo que muestra su uso intenso en numerosos cultivos. Este organofosforado también es encontrado en alimentos animales. En 1998 la EPA estimó que los niños estarían consumiendo residuos de Malathión en un valor 1.133% más alto que el establecido como de no riesgo sanitario. En cuanto a los adultos, este exceso es del 507%. Lo grave de estas cifras es que los niños son más sensibles al Malathión, y que los residuos, de acuerdo a su historia química y ambiental, pueden contener impurezas altamente tóxicas (EPA, 1988).

Es muy importante advertir que el Malathión tiende a concentrarse en la piel de las frutas por ejemplo (Elkins, 1989), y que no puede ser removido con facilidad si solo se usa agua (Nath y Srivasta, 1990). Este dato, que es muy importante, no es tomado en cuenta por las autoridades de Agricultura. Tanto pelar como cocinar y calentar las frutas y otros alimentos contaminados con Malathion reducen en principio sus residuos (Nath y Srivasta, 1990; Gozek y Artiran, 1988), pero no está claro si a determinadas temperaturas pueden generarse metabolitos más tóxicos (como el Malaoxón).

En viveros por ejemplo se ha demostrado que el Malathión persiste sobre las hojas incluso 9 semanas después de aplicado (Delmore y Appelhans, 1991). Los residuos de Malathion, por ejemplo, aumentan con el tiempo de almacenamiento en trigo, cebada y arroz que hayan sido tratados (Gozek y Artiran, 1988; Delmore y Appelhans, 1991; Neskovic y otros, 1991; Cogburn, Simonaitis y Webb, 1990). Esto último sucede, aparentemente, porque el polvo de Malathión usado para tratar estos granos se adhiere a su superficie y luego es absorbido (Brenner, 1992).

Estas consideraciones son muy importantes para relativizar la supuesta "escasa persistencia" atribuida al Malathión. Por otra parte debe tenerse en cuenta que si bien el Malathión puede ser hidrolizado, o bien simplificado molecularmente por la radiación ultravioleta del Sol, es muy posible que sea reemplazado en realidad por sus derivados. Este es el caso, por ejemplo, del Malaoxón. De allí que el Malathión técnico no deba ser considerado "un plaguicida" sinó en realidad un complejo de plaguicidas de composición variable e incluso poco predecible.

9. ACCIÓN TOXICOLÓGICA DIRECTA. DOSIS CRÍTICAS

9.1. Exposición.

El uso generalizado del complejo Malathión ha aumentado las posibilidades de exposición. En general pueden distinguirse: (a) Exposición ocupacional, por ejemplo en obreros industriales, empleados de comercio (venta de agroquímicos, venta de frutas etc.), aeroaplicadores, aplicadores terrestres y trabajadores rurales; (b) Exposición doméstica y (c) Exposición pasiva, generalizada durante las campañas masivas de rociado.

(a) Exposición ocupacional. En Estados Unidos, por ejemplo, el National Institute for Occupational Safety and Health estima 20.000 a 100.000 obreros están expuestos ocupacionalmente al Malathión (Howard, 1991). Operarios que trabajaban en elevadores de grano de Louisiana, Estados Unidos, estaban expuestos a polvo de granos contaminado con 0,17 a 32 ppm de Malathión (Palmgren y Lee, 1984). Una investigación mostró además acción retardada en depósitos abandonados donde se almacenaba Malathión. El trabajo de White, Clarkson y Changmostró que el Malathión se desprendía desde una pared donde se apoyara una pila de plaguicida 5 años antes (White, Clarkson y Chang, 1987). En California, uno de los sitios donde se usa el Malathión a gran escala para combatir la mosca del Mediterráneo, los médicos, que deben informar obligatoriamente las enfermedades relacionadas con plaguicidas, señalan que el Malathión es el tercer pesticida más mencionado (EPA, 1988). En Estados Unidos el Malathión causa 5 veces más enfermedades ocupacionales por unidad de peso vendida que el promedio de todos los plaguicidas (1981-1985; ver Brenner, 1992).

(b) Exposición doméstica. La exposición en viviendas y otros ámbitos no industriales ni comerciales es frecuente por ejemplo en los Estados Unidos, pues los efectos negativos del Malathión sólo se difundieron recientemente. De acuerdo a una investigación conducida por la EPA sobre usos hogareños y de jardín, el Malathión ocupó el lugar 22º entre los más usados (Whitmore, Kelly y Reading, 1992). Es interesante hacer notar que el Malathión fue detectado en guantes de jardinero 7 días después de un rociado (Howard, 1991).

(c) Exposición pasiva o involuntaria. Esta es una de las formas más generalizadas de exposición, sobre todo en aquellos sitios donde se conducen campañas de rociado a gran escala. Los distintos modos de acción del complejo Malathión, que es riesgoso incluso a bajas dosis, y la generalizada inexistencia de sistemas de monitoreo de la morbi-mortalidad por plaguicidas, explican en parte porqué los afectados no asocian su enfermedad con el insecticida. El mal de Saku es un buen ejemplo de ello. En muchos casos, sin embargo, los efectos negativos no alcanzan a ser detectados. Más adelante se resumen algunos casos particularmente graves de afectación por rociado masivo, entre ellos el de Arizona (ver Revere y Right, 1987),

9.2. Mecanismo de acción del complejo Malathión.

El Malathion y sus productos acompañantes pueden ingresar a través de la piel, del aire inspirado, del agua y de los alimentos. La inhalación del Malathión es particularmente peligrosa. En estudios realizados sobre conejo y codorniz la inhalación de Malathión produce una inhibición de la AChE equivalente a la que causa una dosis oral 15 a 20 veces mayor (Weeks y otros, 1977).

Al igual que otros fosforados, actúa sobre la acetilcolinesterasa (AChE), una enzima que regula la cantidad de acetilcolina en las sinapsis nerviosas. Al deprimir el disponible en AChE, la acetilcolina se acumula excesivamente. Ello produce contracciones en los músculos, falta de coordinación, convulsiones, parálisis y finalmente la muerte. Los efectos de la inhibición de la Acetilcolinesterasa parece ser particularmente críticos en el cerebro (Saxena y Saxena, 1984; Brenner, 1992).

En principio, la acción del Malathión y de otros biocidas organofosforados puede registrarse en todo ser vivo provisto de sistema nervioso que tenga interacciones AChE-Acetilcolina o equivalentes. De allí que el Malathión mate insectos y otros artrópodos, y un espectro bastante amplio de vertebrados (incluido el ser humano, ver "dosis letal"). El Malathion puro es medianamente tóxico para aves y tóxico a muy tóxico para peces (Pisces).

Dado que en el combate de la mosca del Mediterráneo se trabaja con una dosis letal para la biomasa promedio de este díptero, cualquier otro insecto de biomasa comparable o mayor también será eliminado. Su uso, por ejemplo, no es compatible con el desarrollo y funcionamiento de apiarios.

Lamentablemente, el Malathión no llega como insecticida puro al blanco, a los organismos no-blanco y al ambiente. El Malathión sufre oxidación dentro de los organismos receptores (por ejemplo insectos, mamíferos y plantas) e incluso en el suelo, donde interactúa con la luz solar y las bacterias. El resultado, entre otros compuestos posibles, es el Malaoxón, 40 veces más tóxico que el Malathión (Brodeur y DuBois, 1967; Aldridge y otros, 1979). Este y otras "impurezas" y agregados pueden actuar sinérgicamente con el Malathión e incrementar su toxicidad. Algunos de estos derivados inhiben no solamente la AChE (Franciskovic, Radic y Reiner, 1989) sinó también otros sistemas enzimáticos en el hígado. Disminuye entonces su capacidad para detoxificar contaminantes como el Malathión y el Malaoxón (Aldridge y otros, 1979).

9.3. Dosis letales y de riesgo.

(a) Malathión. El Malathion puro tiene una toxicidad aguda baja para los mamíferos. Según la National Wildlife Federation su DL50 Oral Aguda para rata es de 885 mg/kg (NWF, 1984). Según Brenner, su DL50 varía entre 1.522 y 1.945 mg/kg en ratas (EPA, 1988). Asumiendo una sensibilidad similar en seres humanos, unos 140 gramos pueden resultar fatales para una persona adulta de 70 kilogramos (Brenner, 1992). Para Craigmill, sin embargo, esa dosis letal puede bajar a 60 gramos (Craigmill, 1981).

Otros trabajos observaron los siguientes valores de LD50 sin tener en cuenta las impurezas: en ratas, >1.200 mg/kg; en perros jóvenes > 1.000 mg/kg; en pollo > 500 mg/kg. Para ciertas especies de peces resulta tóxico cuando está a una concentración, en agua, de 24 mg/litro.

(b) Impurezas del Malathión. Ratas alimentadas con una dosis tan pequeña como 20 mg/kg de O,O,S-trimetilfosforotioato (TMP) murieron a lo largo de tres semanas. Iguales resultados se obtuvieron para la misma dosis de TMPD (Fukuto, 1983).

Pruebas con Malathion puro y Malathion con distintos porcentajes de impurezas (0,0 al 5,0% por ejemplo) hicieron que la dosis oral aguda variase unas 6 veces. El Malathion recristalizado hasta obtener una alta pureza mostró una toxicidad oral aguda de 12.500 mg/kg, mientras que el Malathion con 5,0% de Isomalathion llevó su toxicidad a 2.450 mg/kg. En cuanto al Malathion puro con 0,5% de TP III, su mezcla, testeada, mostró una mayor toxicidad aguda oral (1.775 mg/kg) (WCB, 1998).

La DL50 de la impureza trimetil fosforotioato contenida en la formulación Fyfanon ULV a base de Malathion es de 68 mg/kg (Simon, 2000).

A bajas dosis (por debajo de 15 mg/kg) algunas impurezas provocan un "efecto tóxico demorado" en animales de laboratorio. Los ejemplares expuestos mueren gradualmente días o semanas después de la exposición (Miles y otros, 1979; Mallipudi y otros, 1979). En distintos estudios las ratas se muestran normales excepto por la pérdida de peso desde el momento de la exposición hasta su muerte (Rodgers, Stern y Ware, 1989; Miles y otros, 1979; Umetsu y otros, 1981; Mallipudi y otros, 1979).


9.4. Antidotismo.

Al igual que en otros organofosforados se emplea sulfato de atropina.

9.5. Síntomas de intoxicación aguda.

La sintomatología de intoxicación aguda en seres humanos incluye dolor de cabeza, náuseas, vértigo, salivación, micción, diarrea, convulsiones, debilidad muscular, falta de coordinación, calambres, visión borrosa y contracción de la pupila, disminución del ritmo cardíaco, depresión respiratoria, parálisis, pérdida del conocimiento, coma y muerte (Morgan, 1989). Otros efectos agudos de la inhalación de Malathión incluyen daño muscular (Wecker, Mrak y Dettbarn, 1985), movimientos anormales de los ojos (Pullicino y Aquilina, 1989), deshidratación y sensación de ahogo.

9.6. Síntomas de intoxicación crónica y subcrónica.

Se han publicado distintos efectos de la exposición a largo plazo. Por ejemplo, asfixia de un aplicador de plaguicidas cuando fue anestesiado durante una operación. La asfixia se asoció a la exposición al Malathión (Guillermo y otros, 1988). En animales de laboratorio la exposición al Malathión causa úlceras de estómago, atrofia testicular, enfermedad crónica del riñón, incremento en el peso del hígado y el riñón, efectos gastrointestinales adversos y cambios en las glándulas adrenales, el hígado y los tenores de azúcar en sangre (Reuber, 1985; California Department of Food and Agriculture, 1990; Gowda, Uppal y Garg, 1983; Balasubramanian, Ananthanarayanan y Balasubramanian, 1990).

9.6. Intoxicaciones masivas por Malathión y sus impurezas.

En Arizona, Estados Unidos, la aplicación por spray de Malathión en un jardín se introdujo al sistema de ventilación de una escuela y produjo efectos negativos en 300 niños. Ellos debieron ser hospitalizados con dolor de cabeza, náusea y dificultades respiratorias (Brenner, 1992). Durante la campaña de erradicación de la mosca de las frutas en California, en 1990, se afectaron campos de beísbol donde se hallaban jugando niños. La mayoría de los presentes indicaron haber sufrido dolor de cabeza, dolor de garganta, irritación ocular, urticaria, erupciones y náuseas (Brenner, 1992).

Durante un programa de erradicación de la malaria en Pakistán, en 1976, sobre un total de 7.500 aplicadores contratados unos 2.800 resultaron envenenados y 5 murieron. La principal causa de envenenamiento fue la presencia de Isomalathión. Como impureza, en el Malathión técnico que se utilizó (Aldridge y otros, 1979).

10. EFECTOS DEL MALATHIÓN SOBRE EL SER HUMANO Y OTROS SERES VIVOS

10.1. Efectos mutagénicos. Alteraciones cromosómicas. Carcinogénesis.

(a) Efectos mutagénicos. Alteraciones cromosómicas. La alteración de los genes y de los cromosomas humanos pueden provocar numerosos trastornos orgánicos, entre ellos cáncer.

Un trabajo realizado en Laboratorio de genética de la Universidad de Vermont (Estados Unidos) halló la primera evidencia de asociación entre la exposición al Malathión y mutaciones específicas en los linfocitos humanos T (Genetics Laboratory, 1996).

Estudios calificados por Brenner como "inespecíficos", dado que su diseño impedía relacionar efectos con plaguicidas específicos, halló una significativamente alta frecuencia de aberraciones cromosómicas en trabajadores de cultivos de algodón (Rupa, Reddy y Reddi, 1989; Rupa, Reddy y Reddi, 1989; Brenner, 1992). Se han registrado, por ejemplo, roturas de cromosomas y aberraciones después de episodios de envenamiento agudo con Malathión (van Bao y otros, 1974). Este plaguicida fosforado provoca intercambios de material genético entre cromátidas de células sanguíneas (Herath y otros, 1989; Garry y otros, 1990; Sobti, Krishan y Pfaffenberg, 1982; Sharma y Sobti, 1987) y células fetales (Nicholas, Vienne y Van den Berghe, 1979). El Malathión también ha provocado mutaciones en animales de laboratorio, incluido ratón y hamsters (Chen y otros, 1981; Rosenkranz y otros,1990; Dulout, Pastori y Olivero,1983; Salvadori y otros, 1988) e indujo ruptura del ADN en la bacteria Escherichia coli (Griffin III y Hill, 1978). Lo grave es que en algunos casos el Malathión indujo daño genético a dosis muy por debajo de los niveles de toxicidad aguda (Nicholas, Vienne y van den Berghe, 1979; Dulout y otros, 1982).

Balaji y Sasikala (1993) hallaron que el Malathión causa anormalidades en el ADN en las células de tejido humano sanguíneo a todas las dosis que ellos probaron. Las muestras sanguíneas fueron tomadas de tres hombres adultos sanos con 23, 24 y 25 años de edad. En esas muestran testearon cuatro diferentes concentraciones de Malathión: 0,002; 0,2; 2,0 y 20 ug/ml. Si bien se registró un aumento de las anormalidades cromosómicas a todas las dosis, el incremento más notable se observó para las dosis de 2 ug/ml y 20 ug/ml. Ambos indicaron que estos resultados "muestran que el Malathión causa un incremento dosis-dependiente de las aberraciones cromosómicas en cultivos de leucocitos humanos, como así también en los intercambios entre cromátidas hermanas (...). También se registró una disminución dosis-dependiente en el índice mitótico, ello para todas las concentraciones. En consecuencia nuestros resultados sugieren que el Malathión es moderadamente mutagénico y que a altas concentraciones puede provocar genotoxicidad en seres humanos" (Balaji y Sasikala, 1993).

(b) Efectos carcinogénicos. Se asume en general que todo proceso canceroso es gatillado por una célula que tiene alterados en su ADN los genes que regulan la "aceleración" y el "frenado" de la división celular.

Brenner produjo una excelente síntesis de la relación Malathión/oncogenia hasta 1992. Indicó que Kantor y colaboradores relacionaron el uso del Malathión entre granjeros de Iowa y Minnesota con un incremento en el riesgo de desarrollar linfomas tipo no-Hodgkins (Cantor y otros, 1992). Los riesgos de enfermedad fueron elevados para aquellos granjeros que siempre manejaron Malathion y significativamente elevados para aquellos que lo usaron con anterioridad a 1965. Cabe acotar que en los Estados Unidos este plaguicida comenzó a utilizarse en 1956. Los riesgos fueron mayores entre quienes manejaban Malathión en ganadería y menor entre aquellos que lo usaban en agricultura. Similares niveles de riesgo se hallaron en un estudio similar realizado sobre granjeros de Nebraska que usaban Malathión (Weisenburger y otros. 1988).

Otro estudio efectuado en los Estados Unidos sobre obreros de molinos harineros encontró un riesgo significativo de desarrollar linfomas no-Hodgkins. Este riesgo aumentó con el aumento del tiempo de trabajo (Alavanja, Blair y Masters, 1990). El malathion es un plaguicida comúnmente usado en los molinos harineros de Estados Unidos para el control de insectos. Según Brenner, el National Cancer Institute (NCI) estudió la capacidad del Malathión y el Malaoxón para generar cáncer en rata y laucha. Una revisión independiente de este trabajo halló tumores benignos y malignos de las glándulas endócrinas, cerebro, hígado, pulmón y sangre (Reuber, 1985). Un toxicólogo de la EPA encontró evidencia de tumores de tiroides en ratas y de hígado en lauchas (Gross, 1984). Brenner sostuvo que Briant Dementi, Toxicólogo de la EPA, halló que el estudio del National Cancer Institute "indicó una respuesta oncogénica positiva" (Food Chemical News, 1990). Al reexaminar su estudio original el NCI haló un incremento dosis-dependiente a nivel de tumores de tiroides, pero sin otra evidencia de carcinogenicidad (Huff y otros, 1985). Tumores de las glándulas adrenales y leucemia también fueron asociados con la exposición al Malathión.

Siete niño con enfermedades de su médula espinal fueron observados durante 8 años por médicos de la Travis Air Force Base Medical Center en California. El grupo médico atribuyó los desórdenes en el sistema sanguíneo de todos los casos a la aplicación de insecticidas organofosforados. Estos trastornos ocurrieron poco después que se aplicara DDVP/Propoxur y Malathión. El tiempo de inhalación de estos insecticidas varió de 2 minutos a 2 días. Seis de los niños tienen anemia aplástica y uno leucemia linfoblástica aguda. Los investigadores citaron en su trabajo una investigación que mostró aumento de la incidencia de leucemia en granjeros (Mayo Clinic Proc., 53, pp. 714-718, 1978) y otro trabajo que halló una mayor incidencia de leucopenia (descenso en el conteo de leucocitos) en productores de manzanas expuestos a organofosforados (Canadian Medical Association Journal, 92, pp. 597-602) (Reeves y otros, 1981).

En cuanto a las ratas expuestas al Malaoxón, desarrollaron tumores benignos de mama (1).

10.2. Efectos sobre el sistema nervioso.

El Malathión es un neurotóxico que puede actuar sobre el hipotálamo, y afectar asimismo la memoria. Se han registrado casos de polineuropatía crónica, de daño a los sentidos, y trastornos de la conducta (Pinheiro, 2000).

Es interesante mencionar que una investigación sobre ratas macho adultas viejas halló que el Malaoxón, un derivado del Malathión, les provocaba daño neuronal a dosis 1/5 veces menores que las necesarias para producir el mismo efecto en ratas jóvenes. En este experimento las ratas viejas, con una edad de 18 meses, recibían una dosis única de Malaoxón a niveles de 8,7 mg/kg. Dentro de los 10 minutos de aplicadas pudo registrarse salivación, fasciculación y temblores. A los 15 minutos se observaron convulsiones en el 69% de las ratas. El Malaoxón también hizo aumentar en dos veces los niveles normales de calcio en la corteza frontal. Los investigadores consideraron que este incremento, por sí solo, podía explicar los efectos tóxicos registrados en las células del cerebro. En las ratas con convulsiones observaron además una reducción del neuroquímico cerebral inositol. Las áreas afectadas fueron corteza frontal, hipocampo, tálamo y cerebelo. Para lograr la misma intensidad de síntomas y daño cerebral en ratas jóvenes adultas se requirió una exposición al Malaoxón a niveles de 39,2 mg/kg. Esta cifra es aproximadamente 5 veces mayor que la dosis causante de grave daño cerebral en las ratas adultas viejas (National Public Health Institute, 1993).

10.3. Efectos sobre la piel.

La exposición repetida al Malathión genera respuestas alérgicas en seres humanos, cobayo y laucha (Milby y Epstein, 1964; Cushman y Street, 1983). La aplicación de una solución de Malathión al 10% en voluntarios indujo reacciones de contacto en la mitad de las personas. Una vez sensibilizada la piel, diluciones muy bajas de Malathión (ppm) también disparan reacciones alérgicas (Nilby y Epstein, 1964).


10.4. Efectos sobre el desarrollo embrional y fetal. Teratogenia.

Según la revisión efectuada por Brenner, D. Lindhout y G. Hageman hallaron que la exposición materna al Malathión durante las primeras etapas del desarrollo posiblemente cause una total ausencia de los músculos esqueléticos en el feto (Lindhout y Hageman, 1987). En el caso analizado la madre había utilizado repetidamente una loción capilar que contenía Malathión para el combate de los piojos (Brenner, 1992). Cabe señalar que este tipo de biocida emplea Malathión grado medicinal (USP). Otro estudio de dos años realizado en el área de la Bahía de San Francisco, en Estados Unidos, examinó las relaciones existentes entre el rociado con Malathión para el combate de la mosca del Mediterráneo y la ocurrencia de anormalidades congénitas y descensos en el peso al nacer. Aunque los investigadores no lograron demostrar esta correlación, hallaron asociación entre la aplicación en determinados años de Malathión y el incremento en anormalidades auditivas, arqueo en los huesos de las piernas, pié torcido y otras deformidades (Grether y otros, 1987).

El Malathión también ha sido asociado con defectos congénitos en animales domésticos y de laboratorio (ver Brenner, 1992). En conejos el Malathión atraviesa la placenta y puede actuar sobre el sistema nervioso central (Machin y McBride, 1989). Se observó que la inyección de Malathion en la yema de huevo de pollo produce una serie de efectos deletéreos, entre ellos reducido crecimiento y debilidad del hueso de la pata (Jackson y Gibson, 1976); aumento en la producción de insulina (Arsenault y Gibson, 1974); reducido peso del pollo, menor capacidad de supervivencia, patas cortas, decoloración y daños en los nervios 2 a 6 semanas después del nacimiento (McLaughlin Jr. y otros, 1963), y anomalías en el plumaje, reducción del crecimiento y defectos en el pico (Greenberg y LeHarn, 1969).

En dos estudios sobre teratogénesis en ratas la exposición materna al Malathión redujo el peso de las crías, aumentó la incidencia de manchas hemorrágicas y provocó una menor ganancia de peso en las madres (Kizer, 1991). Dosis de 50 y 100 mg/kg.día de Malathión en conejas embarazadas redujeron la ganancia de peso por la madre y un importante incremento en la resorción (fetos absorbidos en el interior de la madre, no abortados). Es importante señalar que se observó un aumento estadísticamente significativo de las muertes maternales a todas las dosis (Kizer, 1991). Otro estudio sobre dos generaciones de ratas expuestas al Malathión produjo crías que pesaban menos que los controles y mostraban una mayor susceptibilidad a la enfermedad de la cola enrroscada (Kalow y Marton, 1961). En oveja la exposición al Malathión de las hembras embarazadas produjo, entre otros efectos, un aumento en el aborto de fetos y una disminución del peso de los corderos al nacer (Thathoo y Prasad, 1961).

El Malathión también puede producir desórdenes intestinales en niños gestados durante campañas de rociado con Malathión. Investigadores del Departamento de Medicina Preventiva de la University of Southern California, en Los Angeles, monitorearon 933 mujeres embarazadas en hospitales del área de la bahía de San Francisco. Esta zona sufre rociado áereo contra la mosca del Mediterráneo. El trabajo no halló asociación entre la exposición al organofosforado y abortos espontáneos, retardo del crecimiento intrauterino y anormalidades congénitas. Pero si encontró que los niños que estuvieron expuestos al Malathión durante el segundo trimestre del embarazo mostraban de 2 a 1 y 1/2 veces más desòrdenes intestinales que los niños no expuestos al Malathión durantesu desarrollo intrauterino (Department of Preventive Medicine, 1992).


10.5. Efectos reproductivos. Efectos transgeneracionales.

(a) Efectos reproductivos. El Malathión provoca un descenso en los conteos espermáticos. Un estudio reciente muestra que una sola aplicación de Malathión puede dañar las células espermiogénicas en ratón (Cohen, 2000). Machos juveniles de rata expuestos a dosis diarias de Malathión redujeron el número de células espermiogénicas (Krausse, 1977; Krause, Hamm y Weissmuller, 1976).

(b) Efectos transgeneracionales. Un estudio realizado por el Departamento de Farmacología de la Universidad de Toronto sobre animales de laboratorio tratados con Malathión no halló efectos físicos perceptibles en los individuos expuestos. Las crías de estos animales también fueron fenotípicamente normales, pero sus descendientes (segunda generación) mostraron, con un buen grado de significación, menor peso, crecieron lentamente y sufrieron el doble de infecciones que la población normal (Department of Pharmacology, 1961).

10.6. Efectos sobre hígado, riñón y otros órganos.

El Malathion puede inhibir las enzimas hepáticas y afectar el funcionamiento de las membranas biológicas (Singh y otros, 1988; Brenner, 1992). Exposiciones repetidas al Malathión produce efectos tóxicos en el hígado independientemente del estado nutricional del animal, pero ratas desnutridas, especialmente con dietas bajas en proteínas, son más susceptibles a los efectos negativos del Malathión (Singh y otros, 1988; Bulusu y Chakravarty, 1984ª, 1984b, 1986, 1987, 1988). El Malathión tiene una toxicidad aguda 2 a 3 veces mayor cuando las ratas tienen una dieta pobre en proteínas (Boyd y Tanikella, 1969). Esto se debe, al menos en parte, a la menor habilidad del hígado malnutrido para detoxificar el Malathión (Brenner, 1992).

Wali y otros (1984) hallaron en ratas que su exposición subcrónica a Malathión durante 45 días provocó alteraciones en el proceso de transporte iónico del intestino como consecuencia de la exposición al organofosforado, Un trabajo previo del mismo equipo de trabajo, realizado en el Postgraduate Institute of Medical Education an Research, en India, dosis únicas de Malathión dañaban severamente las funciones de absorción del intestino.

Albright, Kram y White, del St. Luke's Hospital Kidney Center, en Estados Unidos, trataron un caso de daño renal grave en un paciente expuesto al Malathión. Postularon que este organofosforado causó en el enfermo una nefropatía compleja inmune, y que esta provocó a su vez insuficiencia renal y proteinuria masiva (Albright, Kram y White, 1983).

La exposición de los mamíferos a las impurezas y derivados del Malathión incluye, entre otros efectos, daños en hígado (Hammond y otros, 1982; Keadtisuke y otros, 1990); en riñón (Dheranetra y otros, 1988); en pulmones, impacto asociado por ejemplo con pneumonía bacteriana (Rodgers y otros, 1985; Dheranetra y otros, 1988; Hammond y otros,1982) y mayor tiempo de coagulación en sangre (Keadtisuke y otros, 1982).

N.E. Barlas expuso ratones a Malathión y sus productos de ruptura, en particular Malaoxón. Halló así efectos negativos durante las 15 semanas siguientes al tratamiento. Estos efectos incluían disminución del peso del bazo y cambios significativos en los tests sanguíneos del hígado (Barlas, 1996).

Una dosis única de trimetil fosforotioato, a niveles de 20 mg/kg, produjo una reducción de las células pulmonares en el epitelio bronquiolar de ratas. La aplicación de esta impurza del Malathión hizo reducir en un 40% la cantidad normal de células. La utilización de Malathión puro, en cambio, no produjo estos efectos (Division of Toxicology and Physiology, 1983).


10.6. Efectos sobre la visión.

El Malathión técnico produce írritación en los ojos y puede causar disturbios visuales temporarios (EPA, 1988; Kizer, 1991).

Entre 1957 y 1971 niños japoneses en edad escolar experimentaron un tremendo incremento en los casos de miopía que se correlacionó con el creciente uso de insecticidas organofosforados, incluido el Malathión (Ishikawa y Miyata, 1980). En 1969 el 98% de los niños examinados en Saku, un área agrícola donde se aplicaba regularmente Malathión, tenía disminuída su agudeza visual. Otros ejemplos de lo que hoy se denomina la "enfermedad de Saku", tanto en niños como en adultos, se han venido informando en todo el Japón, donde se aplican insecticidas organofosforados. Brenner indicó que en California, en 1992, estaba pendiente un juicio en nombre de un adolescente de 15 años que fue declarado legalmente ciego después de haber estado expuesto al rociado con Malathión desde helicópteros (Brenner, 1992). Un oftalmólogo y un experto en plaguicidas coincidieron en que el adolescente padecía la enfermedad de Saku (Lindsay, 1991; Brenner, 1992).


10.7. Efectos sobre el sistema inmune. Alergias.

El Malathión afecta el sistema inmune. Repetto y Baliga revisaron la bibliografía básica disponible y le aplicaron las dos baterías de tests experimentales que aconseja el U.S. National Institute of Environmental Health Sciences (Luster, 1995, 1993, 1992, 1988). Los tests de la batería 1 proporcionan información sobre los cambios que se registran en parámetros sensibles del sistema inmune. Para los parámetros de inmunidad denominados "inmunopatología", "inmunidad humoral", "inmunidad mediada por células" e "inmunidad no específica" se efectúan, respectivamente, los tests de patología de los órganos inmunes y conteo sanguíneo completo; respuesta B linfoproliferativa y niveles de anticuerpos; respuesta T linfoproliferativa; y actividad de los macrófagos.

Cuando aparecen cambios en esta batería de parámetros, o si otra evidencia sugiere inmunosupresión, la batería 2 puede usarse para medir cambios funcionales de tipo sistémico. Para los cinco parámetros inmunes "inmunopatología", "inmunidad humoral", "inmunidad mediada por células", "inmunidad no específica" y "modelos de resistencia de los huéspedes" se aplican, respectivamente, los siguientes tests: conteos diferenciales de sangre; respuesta secundaria de los anticuerpos; hipersensibilidad demorada y citosis de las células T; fagocitosis; y desafío bacteriano, desafío parasitario, desafío viral y desafío tumoral (Repetto y Baliga, 1996).

Estudios enmarcados en la primera batería hallaron que el Malathion produce: (a) Una disminución del peso del bazo en ratas y por ingesta oral (Casale, 1983); (b) Un aumento en la respuesta B linfoproliferativa en ratas y por ingesta oral (Rodgers, 1986) y (c) Una disminución de la respuesta T linfoproliferativa en seres humanos, in vitro (Lee, 1979).

Los trabajos enmarcados en la batería 2, por su parte, encontraron: (a) Un
aumento en el recuento leucocitario, en peces y por exposición oral y dérmica (Areechon, 1990); (b) Una disminución en el conteo linfocitario en peces, por exposición oral y dérmica (Walsh, 1975), y (c) Una disminución de la respuesta inmune secundaria en pez por exposición oral y dérmica (Plumb, 1990) y en roedores por exposición oral (Desi, 1978).

El Malathión desregula el sistema inmune, afectando muy especialmente los mecanismos de inmunidad no específica. La exposición crónica a bajas dosis y por períodos prolongados de tiempo también puede deprimir la respuesta humoral inmune (Barnett, 1994).

Es importante advertir que el efecto del Malathión sobre el sistema inmune se agrava cuando está asociado a uno o más de los siguientes factores: (a) Menor respuesta inmune durante la gestación y la infancia. Los niños recién alcanzan los niveles adultos normales de anticuerpos a los 10 años aproximadamente; (b) Menor respuesta inmune por desnutrición y mala nutrición. La desnutrición es la principal causa de inmunosupresión secundaria. La desnutrición y las infecciones interactúan en la morbi-mortalidad infantil. La deficiencia en vitamina B y E, por ejemplo, está asociada con una menor respuesta en la proliferación de células T. La deficiencia en zinc por su parte es una causa bien conocida de inmunosupresión; (c) Menor capacidad de desintoxicación y excreción de plaguicidas y sus metabolitos por desnutrición o mala nutrición. Ratas de laboratorio con deficiencias en la ingesta de proteínas son, por ejemplo, más susceptibles al daño en riñón por exposición al Malathion que ratas bien alimentadas (Repetto y Baliga, 1996); (d) Menor respuesta inmune durante las enfermedades infecciosas. Además del stress y la pérdida de peso que acompañan a las enfermedades infecciosas, los agentes infecciosos pueden afectar directamente el sistema inmune. La hepatitis B, por ejemplo, puede producir una aguda inmunosupresión al infectar los monocitos y linfocitos, sobre todo en el riñón e hígado (Alp, 1994; McChesney, 1987), y (e) Menor respuesta inmune por exposición a dibenzodioxinas, PCBs (bifenilos policlorados), radiación ultravioleta B (recordemos la fuerte insolación que caracteriza a Traslasierra y la depleción de la alta capa de ozono), metales pesados, óxidos de nitrógeno (NOx) y otros plaguicidas, entre otros.
El tabaquismo es un factor adicional de agravamiento. Recordemos que en el cigarrillo se han identificado más de 4.000 sustancias químicas diferentes, de las cuales 43 son cancerígenas (Chemicals in Environmental Tobacco Smoke, 1999; EPA, 1992).

La reducción de la respuesta inmune que produce tanto el Malathión como otros agentes físicos y químicos afecta la salud general del organismo dado que facilita la morbi-mortalidad por enfermedades infecciosas, y la oncogenia.
Numerosos autores han comprobado una estrecha asociación entre mayor desarrollo de enfermedades infecciosas y áreas contaminadas con plaguicidas (Saliev, 1990; Dzumatov, 1988; Nuritdinova, 1985; Atabaev, 1983).

Personas expuestas a plaguicidas tienen una mayor probabilidad de desarrollar tipologías cancerosas asociadas a la inmunosupresión. Pacientes con sistemas inmunes deprimidos en forma voluntaria y no voluntaria, por ejemplo, muestran mayores tasas de linfomas no-Hodgkins, leucemias y cáncer de estómago (Repetto y Baliga, 1996).

En animales de laboratorio dosis orales de Malathión puro alteran las funciones del sistema inmune en ratones expuestos a niveles muy por debajo de las dosis requeridas para inhibir la colinesterasa (Rodgers y Ellefson, 1992). Este trabajo sugiere que el Malathión causa sensibilización y reacciones alérgicas en seres humanos y otros animales (Brenner, 1992). Es interesante advertir que en zonas de los Estados Unidos sometidas a rociado masivo con Malathión suele aumentar la incidencia de reacciones alérgicas y síntomas similares al resfrío (Russell-Maning, 1990; Kizer, 1991; Prickett, 1990). La estimulación de las respuestas inmunes, por ejemplo, puede incrementar las reacciones alérgicas y también causar daños tisulares (Rodgers, Stern y Ware, 1989; Rodgers, Leung y Ware, 1988).

También las impurezas presentes en el Malathión técnico pueden afectar negativamente las funciones del sistema inmune (Devons y otros, 1985; Rodgers y otros, 1985; Rodgers, Stern y Ware, 1989; Rodgers, Leung y Ware, 1988), e incluso gatillar daños pulmonares (Rodgers y Ellefson, 1988).


10.8. Efectos sobre la conducta.

Se ha observado experimentalmente que el Malathión bloquea la habilidad de las ratas para aprender a subir por una vara cuando suena un zumbador (Uppal, Garg y Ahmad, 1983a). El aprendizaje de conductas que evitan el contacto con una jaula que produce descargas eléctricas y la habilidad para recordar este comportamiento también es afectado por el Malathion (Uppal, Garg y Ahmad, 1983b; Kurtz, 1976). En un estudio, esta incapacidad se registró dentro de la hora de exposición sin que se registrase una inhibición significativa de la actividad de la acetilcolinesterasa, AChE (Kurtz, 1976). La exposición al Malathión produce trastornos de la conducta (Pinheiro, 2000; Brenner, 1992).

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Referencias:

* Profesor Titular de Biología Evolutiva Humana (Facultad de Psicología) de la Universidad Nacional de Córdoba. Presidente de la Fundación para la defensa del ambiente (FUNAM), ONG con status consultivo en Naciones Unidas. Director de la Maestría en Gestión Ambiental de la Universidad Nacional de San Luis. Ex Rector de la Universidad Libre del Ambiente (ULA). Premio Global 500 de Naciones Unidas (Bélgica), Premio a la Investigación Científica (Universidad de Buenos Aires), Premio "Nuclear Free Future" (Salzburgo, Austria).