Caminando
entre miles de plantas de maíz transgénico
por Francisco Torres
Un caluroso día de trabajo
en las cercanías de San Fernando, delirando sobre las apuestas
de Michelle Bachelet, algo de tecnología biológica, seguridad
alimentaria y desarrollo sustentable
Perdido en la pre-cordillera de
Los Andes, en la Sexta Región, los semilleros de maíz
transgénico son sembrados por primera vez en estos parajes. Porque
hasta unos años atrás eran permitidos sólo en algunas
localidades de la
región. Los transgénicos son organismos vivos creados
en laboratorio, mediante manipulación con un conjunto de técnicas
denominadas como ingeniería genética o biotecnología.
La técnica se basa en modificar la genética de los organismos
para entregarle atributos nuevos como las plantas de tabaco que emiten
luz gracias a los genes de la luciérnaga. En el caso de las plantas
de maíz, se transfieren genes de bacterias que afectan a sus
plagas; de esta manera, creando organismos que no se pueden generar
por sí solos en la naturaleza, que se llaman Organismos Genéticamente
Modificados (OGM).
Todas las otras siembras de maíz,
incluso aquellas de huertas caseras deben ser ubicadas fuera de un radio
de 300 metros. Los semilleros de maíz transgénico deben
crecer aislados porque no se sabe qué puede suceder con el traspaso
de las características modificadas a otras plantas de maíz.
En realidad, se sabe lo que puede suceder con el uso de estas plantas
(1), pero se estima dudoso que ello pase. Entonces se trata de la aplicación
de un "principio de precaución". Este principio también
tiene que ver con que los transgénicos sólo puedan ser
cultivados actualmente en Chile para producción de semilla de
exportación, y no siembras comerciales para consumo humano ni
animal, o sea, sólo multiplicando la semilla que será
usada en la próxima temporada del hemisferio norte.
Lo contradictorio de un marco legal
restrictivo para el cultivo de transgénicos es que para las personas
comunes y normales en Chile no se aplica el "principio de precaución",
ya que un gran proporción de los alimentos
importados que consumimos, sobre todo aquellos que vienen de Estados
Unidos y Argentina, son elaborados en base a maíz, soya y canola
transgénica y ofrecidos en Chile sin un etiquetado que informe
al consumidor sobre el
carácter "especial" del producto (2), para que sea
cada consumidor quien toma la decisión si compra o no ese tipo
de alimentos. En los países de la Unión Europea el etiquetado
es obligatorio y se complementa con mayor información acerca
de este tipo de alimentos.
En una carta abierta al Sr. Jaques
Diouf, Director de la FAO en junio del 2004 , titulada "La FAO
declara la guerra a los agricultores no al hambre" (3), una gran
cantidad de organizaciones, movimientos y personas alrededor del
mundo, incluidos algunos de Chile, expresan al director del organismo
encargado de velar por la agricultura y la alimentación del mundo
"nuestra indignación y desacuerdo con el informe de la FAO
'Biotecnología agrícola:
¿Compromiso con las necesidades de los pobres?'"(4). De
acuerdo con los autores de dicha carta, el informe se ha utilizado como
un ejercicio de relaciones públicas motivado por intereses político-económicos
- como apoyo a
la industria biotecnológica - "...y fomenta una mayor desviación
del financiamiento para investigación hacia este tipo de tecnología,
en desmedro de los métodos ecológicamente sanos y de bajo
costo desarrollados por los
agricultores.
Mayor inversión en esta tecnología
- como recomienda la FAO - incrementará inevitablemente el control
monopólico de las empresas transnacionales sobre las reservas
alimentarias del planeta..."
¿Qué sucede si se
libera el "principio de precaución" y se permite siembras
comerciales de transgénicos para consumo humano y animal en Chile?
En realidad, no se ha comprobado científicamente un efecto directo,
y es probable que a corto plazo no suceda un impacto notorio a la salud
de las personas ni al medio ambiente, pero si se ha comprobado que puede
afectar a los agricultores.
Un ejemplo concreto de los efectos
del uso masivo de esta tecnología es el caso del Estado de Paraná,
en Brasil, donde hay grandes productores de soja. Después de
mas de 10 años cultivando variedades RR (Roundup Ready), se dieron
cuenta de varios aspectos negativos en las variedades transgénicas,
como por ejemplo, un mayor costo de producción debido al pago
de patentes y al mayor uso de insumos, principalmente del herbicida
Roundup; que el precio de cotización es menor para la soya transgénica
en comparación a la normal;
también se dieron cuenta que existen restricciones en la demanda
de soya transgénica porque los consumidores
en Europa se han organizado para impedir la entrada de este tipo de
organismos. Además de las razones mencionadas, según los
agricultores los rendimientos de las variedades RR no son mayores que
los de la soya
convencional - como dice la publicidad de las empresas - sino que son
menores. Por ello es que se organizaron bajo la campaña "Soya
pura de Paraná", haciendo alusión al no uso de variedades
transgénicas (5).
Es un hecho muy decidor que en el
año 2003 compañías aseguradoras en Inglaterra se
hayan negado a dar pólizas de seguros a los agricultores que
cultivan variedades transgénicas(*), aduciendo que "...solamente
el paso del tiempo mostrará la totalidad de los problemas que
pueden ser esperados con los transgénicos (...) porque la industria
de seguros aprendió a ser cautelosa con las cosas nuevas y existe
un sentimiento concreto de que los transgénicos podrían
representar prejuicios en un horizonte de mediano a largo plazo..."
La Comisión de Biotecnología
del Gobierno de Chile (CONICYT), que entre otras cosas aprueba la venta
de alimentos sin etiquetado, ha fomentado una posición pro-transgenia
(grupo de Miami) desde el "Protocolo de Bioseguridad" del
año 2000, actitud que se ratifica con el establecimiento del
Programa Nacional de
Biotecnología apoyado por el Banco Interamericano de Desarrollo
como prioridad científica tecnológica, sin ningún
proceso de consulta ciudadana (**). En el programa para la agricultura
de la recién electa Presidenta Michelle
Bachellet, se apuesta por posicionar a Chile como una potencia alimentaria
a nivel mundial, y para ello "...apostaremos fuertemente por la
biotecnología."
Para estar de acorde con las tendencias
mundiales en el tema, y no sólo con los intereses de las inversiones
extranjeras, es necesario un marco jurídico precautorio que asegure
espacios de participación transparente, con un debate que incluya
a más amplios sectores de la sociedad civil. Es necesario que
se considere la inversión en investigación y desarrollo
de sistemas de producción de alimentos sanos y seguros, como
la agricultura orgánica. Así como también es necesario
establecer un programa de desarrollo rural que incluya herramientas
de planificación territorial que contemplen áreas libres
de transgénicos que permitan el desarrollo de la agricultura
orgánica.
Por ello es que mas allá
de las decisiones estrictamente técnicas que se reproducen a
nivel internacional entre las inversiones extranjeras en biotecnología
y el Gobierno de Chile, es necesario un espacio de participación
en la definición de la posición país de Chile en
el tema de los alimentos transgénicos con un enfoque que considere
la totalidad de nuestras necesidades - no sólo las de progreso
económico - con el objeto de asegurar el bienestar y la calidad
de vida de la población, así como también sustentabilidad
económica, ambiental y social para la agricultura.
________________________
(1)
http://www.indsp.org/pdf/ISP_GM-ES-34-S.pdf
(2) http://www.greenpeace.org/chile/campaigns/u-transgenicos-u
(3)
http://www.grain.org/front_files/ fao-open-letter-june-2004-final-es.pdf
(4) http://www.fao.org/docrep/006/Y5160S/Y5160S00.HTM
(5) http://www.pr.gov.br/seab/soja_pr.shtml
(*) Reportaje publicado por el periódico
inglés Daily Telegraph el 8 de octubre del 2003.
(**) Observatorio de la Economía Latinoamericana: http://www.eumed.net/cursecon/ecolat/cl/
Fuente: http://www.elrancahuaso.cl/admin/render/noticia/2127