“El valor
de una flor silvestre”.
Perspectivas de precaución en el riesgo ambiental que presentan
los organismos genéticamente modificados.
Por Iulie Aslaksena y Anne Ingeborg
Myhrb - Setiembre 2006
Introducción
¿Cuánto vale una flor
silvestre? Inspirados en “El valor de un pájaro cantor”
por Funtowicz and Ravetz (1994) hemos utilizado el valor de una flor
silvestre en su ecosistema como un símbolo de complejidad en
cuanto a la evaluación y manejo las cualidades ambientales y
los riegos en el contexto del uso y liberación de los organismos
genéticamente modificados (OMG). El hecho de que las técnicas
de modificación genética y sus aplicaciones son relativamente
nuevas; el hecho de que los impactos en la salud y en el ambiente pueden
sólo ser evaluados a largo plazo; los efectos potenciales irreversibles
en la biodiversidad y la divergencia en cuanto a las percepciones sobre
los riesgos por parte de los diferentes grupos de actores; las varias
y diversas preocupaciones éticas y los inmensos intereses económicos
de las compañías biotecnológicas son sólo
algunos de los factores que contribuyen a la complejidad en la gobernabilidad
de riesgos. A pesar de ello, cada uno de estos factores cuenta con argumentos
razonables que son preocupantes y que constituyen la base para un enfoque
de precaución.
El reto es desarrollar un proceso para la gobernabilidad de riesgos
que reconozca los contextos interdisciplinarios tanto científicos,
como políticos, económicos y sociales, que fortalezca
la responsabilidad ambiental y diseñe las estrategias de precaución
que puedan prevenir o al menos minimizar los impactos negativos futuros
y que al mismo tiempo promueva la innovación de los OMG sustentables.
Nuestro objetivo en este artículo es desarrollar una perspectiva
de precaución sobre la evaluación de riesgos en el contexto
del riesgo ambiental de los cultivos MG. Nos basamos en la “ciencia
post-normal”, donde el enfoque en las incertidumbres del conocimiento
y la complejidad crea una nueva visión de la ciencia: cuando
la ciencia ya no es más imaginada como una verdad dada que no
respeta el contexto, ésta recibe un nuevo principio organizativo,
el de la calidad (Funtowicz y Ravetz, 2994).
Uno de los aspectos más importantes del principio de la calidad
es el tener un enfoque más amplio en lo que respecta a riesgo
ambiental, que va de la racionalidad orientada a los resultados hacia
la racionalidad de procedimientos, es decir se basa en el proceso de
generación de conocimiento en lugar de solamente basarse en los
resultados finales.
La racionalidad de procedimientos es una ampliación de la revisión
por pares dada por la comunidad a los científicos de otras disciplinas
y a la gente afectada por un problema ambiental en particular. Reconoce
la importancia del contexto, las presunciones éticas y la posibilidad
de democratizar el conocimiento mediante la participación de
la comunidad para la acumulación de conocimiento, teniendo en
cuenta las diferentes perspectivas de los múltiples actores interesados.
Desde esta visión, el análisis costo – beneficio
puede reconocerse como un acercamiento a la verdad, pero no constituye
tampoco la última palabra en lo que se refiere a evaluaciones
ambientales. Los autores de la políticas ambientales deberían
estar conscientes de lo que se asume y lo que está implícito
en un análisis costo-beneficio en lo que se refiere al valor
de la naturaleza y la motivación humana, la divergencia con las
observaciones en el mundo real y cómo lo asumido define e influencia
el resultado de los análisis y las recomendaciones políticas
que se hacen. Deberían considerarse otros métodos como
la identificación y sistematización de la incertidumbre,
reconocimiento de la complejidad y la aplicación de métodos
de múltiples criterios y procesos participativos.
2. Riesgo ambiental, calidad y responsabilidad
Es necesario tomar en cuenta tanto
la responsabilidad ética de los científicos, como la responsabilidad
social y ambiental de individuos y empresas debido a la incertidumbre
y la complejidad de los problemas ambientales y los problemas de salud.
Jonas (1984) sugiere que la responsabilidad tiene un mayor valor como
principio ético básico que la reciprocidad, ya que no
existe la reciprocidad entre las generaciones futuras y nosotros. La
responsabilidad ambiental se relaciona a la existencia humana y sugiere
que la Tierra no debe ser dejada en un peor estado del que lo recibieron
las generaciones presentes.
Esta perspectiva sobre la responsabilidad ambiental implica un enfoque
de precaución, pero al mismo tiempo alienta la innovación.
En lugar de una interpretación limitada del principio de precaución
que enfatiza el “no daño”, el enfoque se cambia y
toma en cuenta un asunto más conceptual, el de cómo queremos
vivir con otros seres humanos y cómo debe ser la relación
entre nosotros y la naturaleza. Este cambio de enfoque puede tener implicaciones
en cómo tratamos a la incertidumbre y los problemas complejos.
La ciencia moderna no ha aceptado la posibilidad de una interacción
fuerte entre las partes “al parecer no relacionadas” del
universo y se rehúsa a aceptar la existencia de lo que no puede
ser inmediatamente observado y cuantificado. Sin embargo, todas las
características que no son reconocidas y sobre las cuales no
se toma ninguna responsabilidad pueden reaparecer como monstruos (Shelley,
1818/1992; Douglas y Wildavsky, 1982; Smits, 2006).
Mientras la ciencia supone comúnmente que la incertidumbre se
reduce por acumulación del conocimiento, las pasiones humanas
continúan creando incertidumbres. Los dos trabajos pioneros,
Knight (1921) “Riesgo, incertidumbre y beneficio económico”
y Keynes' (1921) “Un tratado en probabilidad” ilustran la
paradoja que las incertidumbres crean en las relaciones humanas y cómo
las interacciones sociales se han moldeado en términos de probabilidades.
Mientras Keynes reconocía lo impredecibles de las pasiones humanas,
Knight tomó al riesgo como algo que podía ser calculado
con anterioridad y que podía convertirse en un costo, y por lo
tanto podía ser controlado.
Los sociólogos en Nowotny et al. (2001) argumentan que “este
significado contemporáneo de riesgo en cierta forma acabó
con el pensamiento de que la incertidumbre es un aspecto inherente”.
Lo que antes calificábamos como incertidumbre podría esconder
la diferencia entre incertidumbre, riesgo, ignorancia y ambigüedad,
entonces, la incertidumbre es más que una probabilidad desconocida
o un conjunto de información insuficiente (Dovers et al., 1996;
Wynne, 1992).
Al evaluar los riesgos de las nuevas tecnologías, Small y Jollands
(2006) argumentan que es muy importante empezar por entender más
profundamente la naturaleza humana. Ellos sugieren que existe una tensión
creciente entre el poder tecnológico emergente sobre la naturaleza
y la actual (in)habilidad de nuestra naturaleza humana de lidiar con
las potencialmente desastrosas consecuencias de la difusión de
esta tecnología.
Ellos utilizan las metáforas de Prometeo y Pandora de la mitología
griega para ilustrar el poder de la tecnología y el riesgo al
que estaríamos expuestos si la adopción de la tecnología
se conduce únicamente por la avaricia y el interés propio
en lugar de la responsabilidad social y ambiental. Tenemos el conocimiento
para manipular a la naturaleza, pero ¿tenemos la sabiduría
suficiente para evitar las consecuencias no sustentables? Small y Jollands
(2006) sugirieron que existen tres clases de riesgos: riesgo accidental,
riesgo fortuito y riesgo malévolo.
Mientras los riesgos accidentales se relacionan a eventos imprevistos
e inesperados, causados por una falta de conocimiento; los riesgos fortuitos
aparecen cuando nos damos cuenta de las consecuencias negativas y no
podemos o no queremos enfrentar estos problemas inmediatamente. En cambio,
el riesgo malévolo se refiere al uso malicioso de la tecnología
que crea un daño intencional a los seres humanos y el ambiente.
Un enfoque de precaución incluye una concienciación de
los problemas ambientales y la predisposición para actuar basándose
en información relevante.
2.1 Calidad y riesgo: aplicaciones a los OGM
A pesar de los esfuerzos sobre evaluaciones
de riesgo en OMG, véase por ejemplo EU (2001), continúan
sin resolución los problemas en cuanto a las evaluaciones a largo
plazo de los riesgos ambientales y los riesgos a la salud. Por ejemplo:
¿qué aspectos del riesgo ambiental de la liberación
de OMG son convenientes para un análisis costo-beneficio y qué
aspectos necesitan un enfoque más amplio? ¿qué
sucede con los problemas de distribución, beneficios controversiales
y la elección de una tasa de descuento? Algunos científicos
manifiestan sus preocupaciones sobre los potencialmente irreversibles
impactos de liberar cultivos MG en el ambiente natural; mientras otros
enfatizan los beneficios potenciales en cuanto al aumento del rendimiento
agrícola y mejora de algunos aspectos en la calidad de los alimentos,
así como los beneficios ambientales potenciales por ejemplo:
la reducción del uso de pesticidas y herbicidas, conservación
del suelo y fitoremediación del suelo contaminado y el agua superficial.
Los riesgos ambientales relacionados a los cultivos MG incluyen el desarrollo
de “super-malas hierbas”, efectos adversos en organismos
beneficiosos hacia los cuales no están dirigidos los experimentos
y pérdida de la diversidad biológica y genética
(Andow y Zwahlen, 2006; Myhr y Traavik, 2003; Wolfenbarger y Phifer,
2000).
Más aún, las modificaciones genéticas pueden aumentar
la habilidad de un organismo de convertirse en una especie invasora.
Mientras que la mayoría de las especies introducidas de plantas
no tienen problemas ni económicos ni ecológicos, pocas
especies se convierten en invasoras y pueden causar un serio daño
a su nuevo hábitat, por ejemplo, en Estados Unidos el daño
estimado y el costo de controlar las especies invasivas se estima en
más de $138 billones anualmente (Pimentel et al., 2005).
Al momento no existe conocimiento sobre por qué ciertas especies
se convierten en invasoras exitosas y existe muy poca información
confiable y predecible sobre el poder de la naturaleza y la extensión
de las invasiones futuras. Por ejemplo, se estima que el 80% de las
especies en peligro pueden sufrir pérdidas debido a la competencia
o por depredación inducida por las especies invasoras (Pimentel
et al., 2005). Un aspecto para el manejo de riesgos es cómo identificar
las modificaciones genéticas que pueden aumentar o dar lugar
a la formación de características invasoras (Warwick y
Small, 1999).
2.2 Problemas de riesgo: dispersión de la resistencia
al herbicida
Benbrook (2005) examinó algunas
de las posibles consecuencias que podrían sufrir los agricultores
estadounidenses al utilizar trigo de Roundup Ready (RR). Si el trigo
RR es introducido, se incrementarán los costos de las semillas
y los herbicidas y se reducirán los precios del trigo por lo
que no variarían en gran medida los ingresos que los campesinos
obtienen mediante un manejo simple de las malas hierbas. El reporte
de Benbrook concluyó que el trigo RR no es una tecnología
tan necesaria. Al momento, los sistemas existentes para el manejo de
malas hierbas son estables, el precio del manejo de malas hierbas no
está aumentando y los agricultores sí poseen formas de
manejar la resistencia a los herbicidas usados actualmente. Otro problema
es que de darse una experiencia negativa con el trigo RR (por ejemplo
la dispersión de la resistencia al herbicida hacia los cultivos
no MG o hacia los parientes silvestres), esto podría retrasar
y arriesgar la aceptación de aplicaciones biotecnológicas
para el desarrollo de nuevas variedades de trigo, incluyendo las aplicaciones
que no crean muchas preocupaciones sobre seguridad de los alimentos
como son las de las variedades de trigo resistentes a Fusarium blight.
El rechazo de las herramientas de reproducción que se basan en
técnicas biotecnológicas pueden causar la adopción
de técnicas convencionales de reproducción con biotecnología
basada en el mapeo de genes y herramientas para marcación de
genes (Benbrook, 2005).
Para mejorar la comunicación sobre riesgos y reconocer el contexto
social, el informe de Benbrook sugiere que los campesinos, científicos
y la industria de la biotecnología cooperen entre sí para
llevar a cabo una valoración profunda e independiente sobre los
impactos que causaría la adopción del trigo RR antes de
su aprobación e inclusión en el mercado.
2.3. Problemas de riesgo: diversidad genética reducida
La adopción de cultivos MG
podría reducir la diversidad genética de cultivos alimenticios
importantes. Las especies Zea mays de maíz ya no se encuentran
en forma silvestre, pero parientes cercanos, conocidos como teosinte
(Z. diploperennis, Z. perennis, Z. luxurians, and Z. nicaraguensis)
junto a otras variedades cultivadas localmente de Z. mays representan
una reserva genética importante. Estos recursos únicos
pueden contaminarse con polen de maíz modificado genéticamente.
Si los cultivos de maíz MG se liberan, podrían competir
con las variedades locales que poseen una variación genética
única.
La controversia que generó el artículo de Nature escrito
por Quist y Chapela (2001), ilustra la importancia de considerar el
contexto científico en el que se desarrolla la evaluación
de riesgos, ya que los autores encontraron transgenes en 5 de 7 variedades
de maíz en México. Sarewitz (2004), en referencia a este
caso, sugirió que la incertidumbre sobre los impactos ambientales
puede deberse no solo a la falta de conocimiento científico sino
también a la falta de coherencia entre las disciplinas científicas
que compiten entre si, ya que cada una tiene diferentes tradiciones,
enfoques y modelos. La orientación y las suposiciones implícitamente
sostenidas en las diferentes disciplinas científicas muestran
las visiones científicas contrapuestas sobre la naturaleza, la
naturaleza humana y la responsabilidad ética de los científicos.
Cada disciplina científica entonces representa una forma diferente
de percibir la incertidumbre ambiental y los valores, entonces las suposiciones
implícitas necesitan estar articuladas para poder descifrar en
que medida un desacuerdo científico en particular representa
una “falta de conocimiento” o una “falta de coherencia”.
Otro aspecto que no se discutió fue que la estructura disciplinaria
y la desunión de la ciencia constituían las raíces
de esta controversia. Los dos lados del debate representaban dos visiones
contrapuestas de la naturaleza – una que se preocupaba de la complejidad,
interconexión y falta de predicción y la otra preocupada
de controlar los atributos de organismos específicos para el
beneficio humano.
En términos disciplinarios estas visiones que compiten entre
sí se encuentran en dos escuelas intelectuales diferentes de
las ciencias de la vida – ecología y genética molecular
(Sarewitz, 2004, p. 391). Lo que Sarewitz manifiesta como una explicación
de la controversia en cuanto al análisis de Quist y Chapela de
la diversidad genética reducida, ilustra la importancia de articular
estos valores implícitos y suposiciones que logren un dialogo
constructivo entre las disciplinas científicas.
Por ejemplo, la suposición implícita del análisis
costo - beneficio no toma en cuenta la diferencia entre la naturaleza
como una fuente de productos materiales individuales y la naturaleza
como un proceso ecológico, ni la distinción entre la motivación
humana por el interés propio responsable y un comportamiento
de consumo adictivo.
Las diferentes perspectivas sobre la motivación humana, el rol
para la responsabilidad individual y la relación entre la actividad
humana y los procesos ecológicos crean también diferentes
perspectivas sobre el riesgo ambiental y el valor de la diversidad biológica
y genética. Además, las diferentes perspectivas influencian
como se construye la percepción del riesgo ambiental a través
de valores implícitos, desunión científica e intereses
económicos.
2.4 Problemas de riesgo: aspectos económicos y sociales
Las incertidumbres de los impactos
en el ambiente y la salud de los OMG están ligadas a las incertidumbres
económicas y sociales (Batie y Ervin, 2001). La preocupación
del público sobre la comida modificada genéticamente se
relaciona tanto a los riesgos potenciales en el ambiente y en la salud
(Burton et al., 2001; Noussair et al., 2002; Pryme y Lembcke, 2003),
como a los riesgos económicos (Harhoff et al., 2001; Zilberman
y Lipper, 2005).
Las modificaciones genéticas de los cultivos se han basado en
la producción, para incrementar el rendimiento agrícola,
mas no en la demanda del consumidor o en una perspectiva de salud.
Batie y Ervin (2001) se refieren a ésta como una “tecnología
de empuje” en lugar de ser “impulsada por la demanda”.
La producción de semillas MG se da dentro de una estructura industrializada
caracterizada por la unión fuerte entre la producción
de semillas y la producción de herbicidas. Al momento, en Estados
Unidos y alrededor del mundo, el 71% de los cultivos MG que se producen
comercialmente (James, 2005), por ejemplo: la soya, el maíz,
colza y algodón son tolerantes a los herbicidas y son desarrollados
y promovidos por compañías químicas.
El adoptar los cultivos MG tolerantes a los herbicidas y las nuevas
oportunidades del mercado para los herbicidas pueden crear incentivos
para promover los cultivos MG muy apresuradamente, incluso antes de
contar con una evaluación de riesgos socialmente óptima.
Si una tecnología es introducida para reemplazar una tecnología
previa que causa problemas ambientales, los nuevos problemas asociados
a la nueva tecnología podrían no ser tomados en cuenta
(EEA, 2001). En un análisis de los costos - beneficios de los
cultivos MG en Europa, Wesseler (2003) examinó los beneficios
de la adopción de cultivos MG en cuanto a la disminución
en el uso de pesticidas y su impacto positivo en la salud, así
como el efecto en la calidad de agua subterránea y en la biodiversidad,
pero en este estudio no se analizaron los efectos adversos potenciales
en el largo plazo.
Un enfoque de precaución en lo que se refiere a seguridad alimentaria
sería no sólo el promover la adopción de cultivos
MG, pero también promover el mejoramiento ambiental en la agricultura
tradicional, las innovaciones en cultivos orgánicos y la conservación
de la diversidad genética agrícola.
El problema de que las patentes y los derechos de propiedad en los recursos
genéticos se hayan transferido al sector privado crea varias
preocupaciones. La introducción de genes “terminator”
es uno de los principales. Los campesinos ya no pueden depender de su
propia producción de semillas, ya que deben comprar las semillas
e incluso pueden ser amenazados por litigación si sus cultivos
nativos se contaminan sin intención por el polen MG que acarrea
el viento (Warwick y Meziani, 2002).
Si la adopción temprana de una tecnología resulta muy
lucrativa, y existe controversia científica en cuanto a los efectos
ambientales y a la salud a largo plazo, es muy probable que la preocupación
pública sea también alta. Una encuesta en Europa mostró
que la preocupación está relacionada a un deseo de transparencia
en cuanto a la toma de decisiones sobre los alimentos MG, el cuestionamiento
del poder del mercado de las compañías multinacionales
(actualmente pocas compañías dominan el desarrollo y la
comercialización de los cultivos MG) y una preocupación
sobre las implicaciones en cuanto al paisaje y la cultura en el sistema
agrícola (Marris et al., 2001).
La industria de la biotecnología tiene un rol importante que
jugar en lo que se refiere al desarrollo de la responsabilidad ambiental,
mediante la mejora de la comunicación sobre riesgos entre los
diferentes actores, el suministro de información para una mejor
evaluación de riesgos y el reconocimiento del manejo de riesgos
como su contribución para una mayor responsabilidad social y
ambiental (Aslaksen et al., 2006). Para mejorar la información
es necesario ir más allá del conflicto de intereses causado
por el reclamo de información confidencial de negocios. El acceso
a la información y la acumulación de conocimiento a través
de la revisión de pares es necesaria para construir un entendimiento
público y la confianza en los OGM además de direccionar
las próximas actividades de investigación hacia las áreas
donde existe mayor incertidumbre (Nielsen, 2006).
El enfocarse con mayor énfasis en la responsabilidad social corporativa
puede fortalecer el proceso de transparencia en la comunicación
de riesgos, simplemente porque el retener información puede dañar
la reputación de la compañía (Paine, 2003).
2.5. Problemas de riesgo: ¿cómo aplicar el principio
de precaución?
Los grandes incentivos económicos
para la adopción temprana de los cultivos MG pueden afectar tanto
a los incentivos para una evaluación de riesgos suficiente, como
al manejo de riesgos y la comunicación de riesgos; lo que sugiere
que el uso de los OMG y su liberación, sin considerar el enfoque
de precaución, puede ser un ejemplo de una tecnología
Prometea con un potencial Pandoreano.
Los procesos científicos y políticos alrededor de los
OMG no toman en cuenta los aspectos Pandoreanos de la toma de decisiones
humanas. Por ello se establece el enfoque de precaución.
En lo referente a las regulaciones sobre OGM, el enfoque de precaución
juega un rol importante en el Protocolo de Cartagena en bioseguridad
y el principio de precaución se aplica en regulaciones como el
Acta de Tecnología Genética de Noruega de 1993 y la directiva
de Estados Unidos 2001/18/EC. A pesar de ello, actualmente existen discusiones
sobre cómo debería implementarse el principio de precaución
y como los enfoques de precaución deben ser facilitados. Se han
construido algunas enunciaciones del principio, que van desde el enfoque
ecocéntrico al antropocéntrico, y desde ser renuentes
al riesgo hasta tomar posiciones sobre los riesgos (ver cuadros 1 y
2). Una versión más débil sobre el principio de
precaución esta basado en la ética utilitaria únicamente
y sus aplicaciones envuelven los análisis riesgo/ costo-beneficio
(Myhr y Traavik, 2003).
En este contexto, el principio de precaución puede utilizarse
como una opción para manejar los riesgos cuando éstos
han sido identificados a través de un análisis de riesgos.
Por ejemplo, la Declaración de Río utiliza el peso de
los costos y beneficios; medidas costo-efectivas (ver cuadro 1).
Las versiones fuertes del principio de precaución acogen valores
inherentes del ambiente y comúnmente están basados en
posiciones ecocéntricas o preocupaciones en cuanto a los servicios
de los seres no humanos y los ecosistemas (ver cuadro 2). Una versión
fuerte se encuentra activa en la naturaleza y obliga a las autoridades
reguladoras a tomar acciones, por ejemplo mediante la implementación
de procedimientos de manejo de riesgos. La diferencia entre la versión
débil y la fuerte se basa principalmente en la demanda de evidencia
científica y en la significancia ética de la incertidumbre.
La declaración Bergen es un ejemplo.
Cuadro 1
Versión débil del principio de precaución
La Declaración de Río
Para proteger el ambiente, los Estados deben utilizar ampliamente el
enfoque de precaución de acuerdo a sus capacidades. Donde existan
amenazas o daños serios irreversibles, la falta de una certeza
científica total no puede ser utilizada como una razón
para posponer medidas costo-efectivas y prevenir la degradación
ambiental (Declaración de Río, 1992).
Cuadro 2
Versión fuerte del principio de precaución
La declaración Bergen
Para lograr un desarrollo sostenible, las políticas deben basarse
en el principio de precaución, las medidas ambientales deben
anticiparse, prevenirse y se deben enfrentar las causas de degradación
ambiental. Cuando existan amenazas o daños serios o mentales
irreversibles, la falta de incertidumbre científica no debe ser
una razón para posponer las medidas para prevenir la degradación
ambiental (Cameron y Abouchar, 1991).
Es interesante el tinte diferente que tiene un informe reciente de la
UNESCO sobre el principio de precaución (UNESCO, 2005) ya que
enfatiza el enfoque de precaución hacia problemas novedosos y
complejos aunque la incertidumbre no sea tan obvia al momento en el
que se necesita tomar decisiones sobre el manejo de riesgos.
Estas diferentes definiciones y enfoques de precaución son la
base para nuestra discusión sobre precaución y valoración.
Desde esta perspectiva, las versiones débiles del principio de
precaución pueden ser consideradas como un análisis costo
– beneficio extendido. Los análisis costo-beneficio pueden
ser reconocidos como un enfoque para evaluar el riesgo ambiental, pero
puede ser muy limitado al tomar en cuenta la extensión de los
problemas sobre incertidumbre y complejidad, dado las suposiciones implícitas
de los valores y preferencias en un análisis costo-beneficio.
3. Análisis costo-beneficio, preferencias y racionalidad
El análisis costo-beneficio
es ampliamente usado como una herramienta de valoración de la
naturaleza y para suministrar lineamientos sobre políticas para
el manejo de los recursos naturales y el ambiente.
Recientemente, muchos autores han cuestionado lo asumido por los estudios
de valoración ambiental y sus aplicaciones en el análisis
costo-beneficio (Vatn y Bromley, 1994; Vatn, 2005; O'Neill, 1993; O'Neill
y Spash, 2000). Una crítica principal al análisis costo-beneficio
es que el valor de la naturaleza no puede ser medido en base a otros
valores y que las cualidades irremplazables de la naturaleza no pueden
compararse económicamente con otros productos comunes. La naturaleza
tiene una complejidad irreducible que desafía la valoración
unidimensional y ocasiona una pluralidad de perspectivas legítimas
y valores, entonces, se necesitan medidas multidimensionales de valor
para reflejar lo que realmente piensan los diferentes actores involucrados
(O'Neill, 1993).
En el análisis costo-beneficio el daño a la naturaleza
es visto como un costo que en principio puede ser recompensado. Sin
embargo, el pago puede no necesariamente recompensar la pérdida
de algo que le da sentido a la vida (O'Neill, 1996). “si las cosas
valoradas que dan riqueza a nuestras vidas se reducen a simples mercancías,
entonces, lo que hace significativas a estas vidas ha sido en sí
mismo traicionado” (Funtowicz y Ravetz, 1994, p. 197). Las cualidades
ambientales y culturales están entrelazadas (Jamieson, 1992).
El pagar podría significar coimar (Goodin, 1994). El reto para
un manejo adecuado de los riesgos ambientales es incluir el valor de
una flor silvestre, con todas sus cualidades, es decir características
que no se pueden expresar fácilmente en términos de valor
para el mercado.
El hecho de que los precios del mercado no reflejen los riesgos ambientales
y los riesgos a la salud, podría darles una ventaja injustificable
en el mercado a los cultivos MG. Si no existen valores cualitativos
en el análisis costo-beneficio, este análisis podría
parecer una abstracción sin contexto, y “ser ciego”
a los valores naturales y culturales que son difíciles de medir
y podría además considerar a los valores naturales como
similares a los valores de otros productos, sin tomar en cuenta los
procesos ecológicos y el contexto social y cultural en el que
estos valores de la naturaleza se desarrollan.
Esta aparente “ceguera” puede inducir a un cuestionamiento
sobre la relevancia de la compensación económica para
valorar las cualidades ambientales. Pearce (1998) argumentaba que es
más apropiado no cuestionar la valoración económica
per se, pero, de ser necesario, se debe dar un mayor valor a la naturaleza.
Como sugerimos en la Figura 1, un puente entre la dualidad de la valoración
monetaria abstracta y el rechazo a la compensación económica
es desarrollar una complementariedad entre la valoración monetaria
y no monetaria, enfatizando que la evaluación multidimencional
de las cualidades ambientales, incertidumbres e impactos deberían
darse en procesos deliberativos que reconozcan el contexto social de
la evaluación de riesgos.
Quien actúa como representante de la naturaleza? El daño
a la naturaleza reduce sus cualidades, por lo tanto afecta a varios
actores. Y en cierta forma, todos somos actores y por lo tanto afectados.
Mientras Nyborg (200) expande la visión del “Hombre económico”
para incluir a las preferencias de los ciudadanos, O’Neil y Sapsh
(2000) indican que las preferencias cambian cuando los individuos son
alentados a expresar los valores que ellos tienen como ciudadanos públicos
en lugar de cómo consumidores privados. Una valoración
individual puede cambiar el proceso de valoración, si es que
existe mayor información disponible para los encuestados, véase
Hanley et al. (1995). En un estudio sobre la biodiversidad encontraron
un indicio en las preferencias en el que se da prioridad a algunos valores
antes de considerar la compensación entre otros valores lo que
significa que no existe una compensación completa entre el valor
de la biodiversidad y otros productos.
Paralela a la metáfora del “Hombre económico”,
Soma (2006) desarrolló la metáfora de “Natura económica”
para describir el valor de la naturaleza y el ambiente como si estuviera
implícito en un análisis costo-beneficio, es decir como
un paquete de mercancías con un valor potencial en el mercado.
Esta autora sugiere formas de expandir el modelo de “Hombre económico”
y “Natura económica” para tomar en cuenta el contexto
ambiental, social y político del manejo de la incertidumbre ambiental.
La noción de la racionalidad implícita en un análisis
costo beneficio asume el modelo del “Hombre económico”,
donde los actores económicos están motivados por el propio
interés racional y en cierta forma tienen necesidades ilimitadas,
“más es mejor”.
La teoría de “Hombre económico” generalmente
no toma en cuenta la diferencia entre una motivación basada en
“más es mejor”, en un contexto de responsabilidad
personal, social y ambiental y una motivación basada en la avaricia.
Pearce (1998) enfatizó que la economía tiene unas bases
éticas más amplias de lo que usualmente se transmite a
través de la imagen del “Hombre económico”
y que la responsabilidad ambiental no es incompatible con la racionalidad
individual. Sin embargo, también señala que la discusión
sobre la base ética y la importancia del contexto no son analizadas
en la economía aplicada. Los impactos ambientales de la actividad
económica se tratan, por definición, como “externalidades”
es decir, externos a la responsabilidad del tomador de decisiones individual.
El internalizar las externalidades es percibido como un problema para
la política pública únicamente, es decir que depende
de un diseño efectivo de medios políticos, y no como un
problema de todos, como la falta de desarrollo de responsabilidad individual.
Uno podría argumentar que la suposición no calificada
de “más es mejor”, sin tomar en cuenta el contexto
social y económico, en cierta forma refleja una avaricia inherente
a la naturaleza humana y la falta de responsabilidad individual. Semillas
de la avaricia crecen en un suelo de indiferencia. En una investigación
sobre economía, el psicólogo David Winnicott reflexiona
sobre la falta de discusión explícita de la avaricia en
la teoría económica: “… la economía
ha parecido comúnmente como la ciencia de la Avaricia donde se
prohíbe todo lo que mencione a la avaricia” (Winnicott,
1945, p. 170).
El enfocarnos en la avaricia como un aspecto de la motivación
económica puede hacernos mas conscientes de cómo el comportamiento
- de acuerdo con la suposición económica estándar
de “más es mejor” - puede contribuir a un consumo
adictivo y excesivo y por lo tanto a un excesivo impacto ambiental y
una devastación ambiental (Nicholsen, 2002).
La teoría económica de la valoración se enfoca
en el interés propio y de alguna forma refleja una preocupación
por la pérdida de libertad de elección (Pearce, 1998).
Sin embargo, al resaltar solo las cualidades positivas de carácter
individual, su lado inconsciente, el de la avaricia y la falta de preocupación
por otros, se vuelve invisible y no se lo toma cuenta, por lo tanto
no se visibiliza la responsabilidad personal (Klein, 1956; Wachtel,
2003; Whybrow, 2005). Al reconocer las fuerzas concientes e inconcientes
de la motivación humana, nosotros como individuos reconocemos
nuestra capacidad de desarrollar una complementariedad positiva ente
el interés racional propio y la responsabilidad social y ambiental.
El reto para la economía es reconocer cómo “mis
acciones influencian tus posibilidades” (Vatn, 2005), reconociendo
que el bienestar individual incluye el desarrollar preferencias y capacidades
que nos permitan realizar acciones bien informadas y bien reflexionadas,
y no solo satisfacer cualquier deseo que tengamos (O'Neill, 1993).
Como lo expresó Robert Pirsig en su búsqueda de la calidad:
“Los valores sociales están bien solo si los valores individuales
están bien. El lugar para mejorar el mundo es primero nuestro
propio corazón, nuestra cabeza y nuestras manos y desde allí
debemos trabajar hacia fuera” (Pirsig, 1974, p. 297). Al desarrollar
la noción de responsabilidad ambiental, Jonas (1984) discute
la “necesidad de metafísica” como una base para la
ética, considerando que “la exclusividad antropocéntrica
puede ser un prejuicio y que por lo menos se la debería reexaminar”
(Jonas, 1984, p.46) y sugiere que la metafísica tácita
involucrada en cada disciplina debe hacérsela explícita.
En un informe sobre las perspectivas de la naturaleza de Malthus y Wordsworth,
Becker et al. (2005) mira a la naturaleza como un punto de referencia
para la mente humana y su capacidad creativa, que nos provee de una
orientación para la vida.
El valor de una flor silvestre, como el canto de un pájaro, también
está en su enseñanza sobre nosotros mismos y sobre lo
que queremos hacer con nuestras vidas mientras estamos aquí (Funtowicz
y Ravetz, 1994, p. 206).
4. Idoneidad del propósito: ¿cómo aplicar el principio
de precaución?
Los enfoques políticos del
riesgo ambiental, especialmente a nivel local y regional se basan, casi
exclusivamente, en soluciones técnicas y descuidan las preguntas:
¿Qué tipo de naturaleza y conservación de la biodiversidad
queremos alcanzar? ¿Cuál es la calidad auténtica
para este tipo específico de naturaleza? ¿Cuáles
resultados del desarrollo histórico de la naturaleza se deben
preservar, cuáles jardines de manzanas, cuáles pastos
en las montañas y cuáles arbustos?
¿Quiénes son los representantes de una flor silvestre?
¿Cómo se sentiría ser humano sin este lugar (Latour,
2004)?. El solo hecho de hacernos estas preguntas afectará en
cómo se aplique la gobernabilidad de riesgos; es también
una visión distinta del optimismo o pesimismo, diferente al estar
“a favor o en contra” de los OMG, y demanda una visión
más conceptual sobre las necesidades, objetivos e intereses para
una aplicación dada.
Al considerar el propósito de la aplicación de un organismo
modificado genéticamente desde la perspectiva de la sociedad
y al tomar en cuenta el daño potencial para un amplio rango de
actores vemos la necesidad de tener un contexto mucho más amplio
de lo que la aplicación de un análisis costo beneficio
nos puede dar. Además, la incertidumbre actual y la complejidad
de los ecosistemas hacen difícil el aplicar los análisis
costo-beneficio, por lo tanto, una versión más débil
del principio de precaución podría no funcionar de acuerdo
a su intención. Esto hace que nazca la pregunta de: ¿Cómo
aplicar el principio de precaución en las decisiones de manejo
de riesgos en OGM?
4.1 Idoneidad del propósito; implicaciones para la ciencia
La naturaleza misma es lo suficientemente
rica y compleja para soportar un amplio rango de hipótesis dadas
por una diversidad de enfoques metodológicos, disciplinarios
e institucionales (Sarewitz, 2004).
Lo que Sarewitz resalta es el “exceso de objetividad” referido
a que cualquier observación, mediante el conocimiento científico
disponible, puede ser legítimamente interpretada en diferentes
formas y por lo tanto pueden surgir visiones rivales de un mismo problema
y de cómo la sociedad debe responder a ellos. Las diferentes
disciplinas científicas emplean modelos que compiten entre sí
y suposiciones básicas, por ejemplo los biólogos moleculares
se refieren a una práctica de laboratorio controlada, los biólogos
de plantas se refieren a la historia de reproducción convencional
de las plantas, mientras los ecologistas argumentan que las experiencias
basadas en la introducción de especies nuevas en ambientes nuevos
deben ser la base para la evaluación de riesgos de los OMG.
Por lo tanto, no solo la falta de entendimiento científico pero
también la falta de coherencia contribuye a la incertidumbre
sobre los OMG. Lo que se necesita es una discusión explícita
de los valores plurales y enfoques científicos involucrados en
una controversia ambiental particular. El empleo de un sistema basado
en modelos para la toma de decisiones, cómo el trabajo W&H
de Walker et al. (2003), puede ayudar a identificar las formas y niveles
de incertidumbre involucrados en la toma de decisiones ambientales y
estimular la comunicación entre actores en el proceso de decisión.
Krayer von Krauss et al. (2004) han demostrado y probado el sistema
W&H con el propósito de identificar los diferentes juicios
de incertidumbre, entre científicos y otros actores, en la evaluación
de riesgos de los cultivos MG. Estos estudios se basaron en los efectos
potenciales negativos sobre la agricultura y los procesos de cultivo
que causaría la liberación de cultivos de semillas oleaginosas
resistentes a los herbicidas.
Krayer von Krauss et al. entrevistaron a siete expertos en Canadá
y Dinamarca. Para poder identificar las visiones de los expertos en
cuanto a la ubicación de la incertidumbre (donde se manifiesta
la incertidumbre), los autores presentaron un diagrama mostrando las
relaciones causales y los parámetros clave a los expertos. Con
el propósito de identificar el nivel de incertidumbre (que iba
desde “estar completamente seguros” a “ignorancia
completa”) y la naturaleza de la incertidumbre (si la incertidumbre
nace de la variabilidad inherente del sistema y la complejidad o de
la falta de conocimiento), los expertos tenían que cuantificar
el nivel y describir la naturaleza de la incertidumbre en los parámetros
clave del diagrama. Al pedirles a los expertos que identifiquen la naturaleza
de la incertidumbre fue posible distinguir entre la incertidumbre que
puede reducirse con más investigaciones, de la incertidumbre
e ignorancia que se originaba de la variabilidad de los sistemas o su
complejidad.
Reflexionando sobre el rol de la desunión científica en
la interpretación de la incertidumbre ambiental, para Sarewitz
(2004), surge la pregunta de ¿cómo un diálogo entre
disciplinas rivales puede contribuir a que sean más explícitos
esos valores intereses, y suposiciones que representan la base para
cada uno de los enfoques sobre incertidumbre científica y la
calidad en la naturaleza que tienen las diferentes disciplinas. Por
ejemplo, Norgaard (2002) sugiere que la historia de las economías
industriales, como la de superar la escasez a través de la innovación,
ha condicionado el pensamiento económico en suponer comúnmente
que la escasez, incluyendo la escasez de recursos naturales, será
superada de una forma similar.
Si nos enfocamos en la promesa de las tecnologías de Prometeo
pero descuidamos los potenciales de Pandora, el optimismo tecnológico
puede pasar por alto su lado oscuro de “optimismo ciego”.
El punto del “optimismo ciego” tiende a ver el “pesimismo
ciego” como su única alternativa. El basarse en los procesos
participativos y los riesgos de comunicación puede ser una forma
de sobreponer la dualidad entre “optimismo ciego” y “pesimismo
ciego” y puede contribuir al desarrollo de un enfoque de precaución,
que complemente el optimismo sólido con la precaución
como lo sugerimos en la Fig. 3.
4.2 Idoneidad del propósito; la necesidad de una revisión
de pares extendida
Los economistas institucionales
sugieren un rol para el “foro”: el proveer información
e incentivar el dialogo entre los actores interesados (O'Neill, 1996;
Vatn, 2005). En el contexto del riesgo relacionado a los organismos
modificados genéticamente, los participantes del “foro”
serían expertos científicos, representantes de la industria
biotecnológica, consumidores, autoridades regulatorias y otros
actores involucrados. Cada uno contribuiría con su perspectiva
única: los expertos científicos pueden proveer la mejor
evaluación de riesgo disponible y establecer la necesidad de
obtener mayor información, la industria puede desarrollar un
diálogo con otros actores y encontrar formas para mejorar su
responsabilidad social y ambiental mientras se asegura el lucro a largo
plazo, los consumidores pueden expresar su preocupación por la
calidad y seguridad, y las autoridades competentes pueden desarrollar
un dialogo sobre los incentivos.
La gente común puede ayudar a tomar en cuenta las implicaciones
de la incertidumbre y la complejidad, por ejemplo al preguntar sobre
los objetivos, y al controlar los intereses y las condiciones (Wynne,
2001). Esto puede también enriquecer el proceso de las investigaciones
científicas al proveer conocimientos sobre las condiciones y
los recursos locales. Por ejemplo en lo que debe ser usado como una
normativa estándar para la evaluación del daño:
– ¿no sería un estándar aceptable para la
evaluación de riesgos de los cultivos MG el que no se genere
un mayor daño ambiental que el causado por la agricultura convencional?
El desarrollo sustentable de la agricultura involucra la preservación
de los conocimientos locales y la cultura, junto con mejoras ambientales:
¿pueden los cultivos MG contribuir a ello? ¿son los cultivos
MG la solución o la genómica debería ser usada
para ayudar a la reproducción, con el propósito de mejorar
la productividad en la agricultura?
Un aspecto central para el principio de calidad en el manejo de riesgos
es el reconocimiento de que el contexto científico, económico
y social están entrelazados y que se necesitan crear nuevas instituciones
para los procesos participativos que fortalezcan el diálogo entre
los diferentes actores, en lo que respecta a la selección de
hipótesis, formulación del peso de las pruebas y la evaluación
de la evidencia.
Los métodos de evaluación podrían incluir un análisis
multicriterio y procesos deliberativos para evaluar la incertidumbre,
para analizar los desacuerdos científicos y para la integración
de las perspectivas de los diferentes actores interesados.
La percepción del riesgo varía entre los diferentes actores
y el riesgo puede ser visto como un elemento de construcción
social (Slovic, 2001). Jensen et al. (2003) aplica el concepto de “ventana
de riesgo” para ilustrar cómo las evaluaciones de riesgo
ven el mundo a través de una “ventana de riesgo”
que sólo hace visible lo que ha sido predefinido como un riesgo
relevante. El tamaño y estructura de esta ventana están
determinados por los juicios de valor sobre lo que es considerado relevante
en cuanto a los efectos adversos identificados en el proceso por los
actores involucrados.
Por lo tanto, se espera que los actores utilicen diferentes estructuras
conceptuales como un saco de creencias básicas, valores, actitudes
y suposiciones creando así una base a través de la cual
ellos se miran a sí mismos y miran el mundo, para que puedan
identificar cuáles valores son importantes de proteger. Un enfoque
para evaluación integrada incluye el trato de los aspectos técnicos
y sociales - que casi siempre son inconmesurables - ya que es difícil
saber con precisión las diferencias entre hechos empíricos
y juicios de valor (Giampietro et al., 2006). Las dos versiones: fuerte
y débil del principio de precaución se basan en la incertidumbre
científica, por lo tanto debe haber alguna indicación
científica o evidencia del daño probable que necesita
evitarse.
El informe reciente de la UNESCO sobre el principio de precaución
remplaza la probabilidad científica con la plausibilidad: “cuando
las actividades humanas conducen a un daño moral inaceptable
que es científicamente plausible pero incierto, las acciones
deben tomarse para evitar o disminuir el daño”, por lo
tanto la incertidumbre no se reduce a la probabilidad, ya que se abre
al empleo de enfoques de precaución basándose en los posibles
daños identificados. Sin embargo, esta versión incluye
otro problema: Como identificar “el daño moral inaceptable”,
que en ultima instancia propicia el surgimiento de las preguntas: ¿qué
tipo de daño?, ¿para quién?, ¿por cuánto
tiempo? y ¿a qué costo? La única forma de obtener
un respuesta es involucrar a los actores interesados.
El método de multicriterios ha sido sugerido como una herramienta
útil para mapear las preferencias sociales divergentes, y se
ha desarrollado como una técnica basada en software para explorar
las uniones entre el análisis científico/experto y los
valores sociales divergentes y el interés. Por ejemplo, Mayer
y Stirling (2002) han utilizado el mapeo de multicriterios en un estudio
piloto de cultivos MG en Inglaterra y han identificado algunos elementos
de un enfoque de precaución, como por ejemplo: diferentes enfoques,
reconocimiento de las muchas fuentes de incertidumbre, transparencia
de los métodos para evaluación de riesgos, consideración
sistemática tanto de los beneficios demandados como del riesgo
sobre una base que permita la comparación, y la participación
de todos los actores afectados. Los métodos de multicriterio
proveen una base poderosa para el análisis de políticas
ya que este tipo de procesos de evaluación logran el objetivo
de ser interdisciplinarios (con respecto al equipo de investigación),
participativos (con respecto a los actores), y transparente (ya que
todos los criterios se presentan en su forma original sin ninguna transformación
hacia convertirlas en dinero u otras medidas).
5. Conclusiones
Para poder desarrollar una perspectiva de precaución sobre riesgo
ambiental, la naturaleza multidimensional de los procesos ambientales
necesitan ser explícitos, así como el contexto político
y social para entender la incertidumbre científica.
El análisis costo beneficio es otro elemento que busca hacer
explícitas las consecuencias del riesgo ambiental para que las
cualidades naturales se preserven. La relevancia empírica de
nuestra crítica del uso tradicional del análisis costo-beneficio
es que nosotros delineamos una estructura expandida para evaluar los
valores y riesgos ambientales. Sugerimos que tanto los desarrolladores
de OMG así como los científicos tomen un rol más
activo en cuanto a desarrollar foros para la comunicación de
riesgos, la revisión de pares extendida y el diálogo entre
actores.
Esto puede contribuir a mejorar la base empírica para los consejos
políticos en como lidiar con el riesgo ambiental y proteger las
cualidades ambientales. Para concluir, en lugar de establecer una definición
del principio de precaución, sugerimos que el enfoque de precaución
incluya los siguientes elementos:
1. Reconocer la dimensión social tanto en los conceptos de riesgo
(riesgo de peligro, incertidumbre, ignorancia y ambigüedad), como
en la distinción entre los diferentes tipos de riesgo de acuerdo
a: la falta de conocimiento, el conocimiento de las consecuencias y
el daño intencional.
2. Considerar las consecuencias potenciales adversas a largo plazo para
la salud y el ambiente. Tomar en cuenta los beneficios controversiales.
3. Que tenga un enfoque más profundo sobre la naturaleza humana,
cuestionando la noción de que las preferencias basadas en el
mercado son la única guía para la responsabilidad ambiental
y entendiendo la dimensión social y psicológica del riesgo.
4. Considerar las suposiciones éticas implícitas en los
diferentes enfoques científicos. La responsabilidad ética
del científico.
5. Lograr acuerdos entre las visiones científicas y desarrollar
una actitud más humilde en lo que respecta a los adelantos tecnológicos.
Transparencia en los procesos de evaluación de riesgo.
6. Aprender de las experiencias pasadas para detectar las “señales
anticipadas”.
7. Se necesita un enfoque participativo, para lograr el diálogo
entre los diferentes actores, aplicando el análisis de multicriterios
y desarrollando los incentivos para la responsabilidad social corporativa.
Agradecimientos
Este informe nació de una caminata bioética en la naturaleza
que duró algunos días, a través del Parque Nacional
Hardangervidda en Noruega, mientras se discutía cuestiones éticas
y filosóficas sobre la calidad en la naturaleza y tecnología
y riesgo ambiental basándonos en el libro de Robert Pirsig, “
Zen y el arte del mantenimiento de la motocicleta”, como un punto
de referencia para discutir sobre la calidad. Quisiéramos agradecer
tanto a Silvio Funtowicz, Kamilla Kjølberg y Roger Strand, como
a todos los participantes por darnos esta única oportunidad de
reflexionar sobre nuestra relación con la naturaleza y como nuestra
percepción sobre la calidad está influenciada por el estar
en la naturaleza, caminando en bosques silvestres y confiando el uno
en el otro.
Quisiéramos agradecer también a Mads Greaker por alentarnos
a escribir este informe, sin implicarlo a él, en lo más
mínimo, en lo que aquí escribimos y quisiéramos
agradecer a Anne Skoglund por un excelente procesamiento de palabras
y edición.
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