CRITICAS AL
PROYECTO GEF / BANCO MUNDIAL
Bioseguridad en Centros de Biodiversidad: Construyendo Capacidad Técnica
para el despliegue seguro de cultivos transgénicos
RED POR UNA
AMERICA LATINA LIBRE DE TRANSGENICOS - BOLETIN 194
1. El paradigma del proyecto
El paradigma del proyecto es fortalecer
la capacidad técnica regional en países que son centros
de origen de biodiversidad en la región Andina, Mesoamérica
(y Brasil), usando cinco cultivos (yuca, algodón, maíz,
papa y arroz) como modelos para desarrollar evaluaciones y gestión
de riesgos, y metodologías de análisis costo beneficio
para productos transgénicos nuevos, y maximizar la escala económica,
por medio de explotar las ventajas comparativas en países participantes.
Los países seleccionados son:
Brasil. En este país se trabajará con yuca, maíz,
papa, algodón y arroz
Colombia: Yuca, papa, maíz, algodón
Costa Rica: Arroz
México: Maíz y algodón
Perú: Papa
CIAT: Yuca, maíz, arroz y algodón
Hay que mencionar que el algodón tiene dos centros de origen
en América Latina: La región Andina y Mesoamérica.
En la Amazonía también existen variedades tradicionales
y parientes silvestres, y es utilizado con fines medicinales entre algunos
pueblos tradicionales.
La yuca es originaria de la Amazonía y existen parientes silvestres
y variedades tradicionales de estos cultivos en Colombia, Brasil y Perú.
La importancia cultural de este cultivo es fundamental en la región,
y está ligado con la identidad de las distintas comunidades amazónicas,
de manera particular de las mujeres.
La papa es originaria de los Andes, con una altísima biodiversidad
y presencia de parientes silvestres en Perú y en menor grado
en Colombia. La papa es el cultivo más importante en la región
andina y está asociado no sólo con la seguridad alimentaria
de los pueblos, sino con las relaciones de reciprocidad y de fortalecimiento
del tejido social comunitario.
El maíz fue domesticado en Mesoamérica, pero su diversidad
biológica es de suma importancia también en la región
Andina y en Brasil. El maíz es un cultivo sagrado para muchos
pueblos mesoamericanos y andino, y es un componente básico en
la dieta de las poblaciones de la región.
El arroz, aunque no es cultivo originario de América, prácticamente
en todos los países tropicales y subtropicales de América
Latina, existe una importante diversidad de variedades locales, desarrollada
especialmente por comunidades indígenas y campesinas, que están
adaptadas a las condiciones ambientales y socioeconómicas de
estos países y que hacen parte del importante patrimonio genético
que poseen las comunidades locales.
Este es un proyecto que crea las condiciones técnicas y administrativas
para el ingreso comercial de estos cultivos en estos cinco países,
tendrá un impacto grave para toda la región (pues la intención
es que esta experiencia sea replicable a otros países, ver Sustainability
and Replicabity, pág. 16), especialmente en los países
donde estos cultivos tienen importancia cultural, social y económica,
pues a través del comercio internacionales, del flujo de genes
y de prácticas culturales, los cultivos convencionales podrían
contaminarse genéticamente.
El proyecto dice que se han escogido estos cultivos precisamente porque
aquí se encuentran los centros de origen de estos cultivos, y
porque el arroz (cuyo centro de origen en el Asia), es un alimento básico
en la región. El sólo hecho de pretender implementar un
proyecto que trate sobre cultivos transgénicos en centros de
origen de estas especies, que son fundamentales en la alimentación
y agricultura mundial, debería ser un argumento contundente para
rechazarlo.
Es difícil entender la lógica a través de la cual
el GEF financia un proyecto que pone en riesgo la biodiversidad agrícola
en varios países de América Latina.
2. Componentes del proyecto
2.1. Fortalecer la capacidad
técnica
Se propone fortalecer la capacidad
técnica en la generación de conocimientos para la evaluación
y manejo del riesgo en los 5 países participantes, usando los
cinco cultivos mencionados.
Como resultado se espera tener métodos estandarizados de evaluación
del riesgo, mitigación del riesgo y mecanismos de respuesta a
emergencias. En la mayoría de legislaciones de América
Latina, la evaluación de riesgo es un pre requisito para el ingreso
de transgénicos, ya sea a nivel experimental o comercial. Estas
líneas de trabajo revelan que la intención a largo plazo
del proyecto es la introducción a nivel de investigación
y comercial (ver pág. 47) de cultivos transgénicos en
sus centros de origen.
Ha sido el llamado de las organizaciones sociales de América
Latina que exista una total prohibición a la introducción
de cultivos transgénicos en su centro de origen. Esta es una
medida que ha sido adoptada en otras regiones del mundo, cuando el objetivo
ha sido proteger a las variedades tradicionales y los parientes silvestres
(que a más de su valor cultural, constituyen la material prima
para el mejoramiento de las variedades modernas).
No es cuestión de manejar el riesgo o de saber responder ante
emergencias, por ejemplo, en casos de contaminación genética,
sino de evitar la contaminación, porque la contaminación
genética es irreversible, y las vías de contaminación
son múltiples, no sólo a través de flujo de genes,
sino de contaminación de semillas, de tubérculos (en el
caso de la papa y de la yuca), de la emergencia de voluntarios, etc.
Y sobre todo por prácticas culturales que las comunidades indígenas
y campesinas tienen en cada uno de los países donde se aplicaría
el proyecto, y que han asegurado la conservación y creación
de biodiversidad agrícola, como el experimentar con semillas
nuevas, llevar semillas de una región a otra para intercambiar
con parientes, amigos, o para intercambiarlas con otros productos. En
el caso de la papa, los campesinos recogen los tubérculos que
quedan en el suelo luego de la cosecha, y si éstas son transgénicas,
pueden entrar en la cadena productiva de manera desapercibida.
Una vez que se libera una variedad transgénica en un país,
es imposible frenar la contaminación genética. En un estudio
hecho por Union of Concern Scientist (2004)[1] , se reportó contaminación
genética en semillas convencionales de maíz, soya y canola
con transgenes procedentes de variedades manipuladas genéticamente
en Estados Unidos. El proyecto intenta validar perspectivas para prevenir
o restringir el flujo de genes, con base en la literatura disponible,
a pesar de que la práctica demuestra que una vez en el campo,
papar el flujo de genes es imposible. Es interesante mencionar que el
proyecto intenta restringir el flujo de genes, lo que significa simplemente
poner ciertos límites, pero no resuelve de fondo sobre la contaminación
genética.
Existe suficiente literatura que demuestra que hay introgresión
desde variedades cultivadas y sus parientes silvestres en especies como
maíz, yuca, papa, entre otros cultivos[2] .
Los estudios hechos por Quist y Chapela (2001)[3] en el Estado de Oaxaca
– México y corroborado más tarde por la Comisión
para la Cooperación Ambiental de América del Norte, demuestra
que hay contaminación genética en las variedades tradicionales
en México, a pesar de que hasta el momento no es permitido sembrar
maíz transgénico en ese país, y que ésta
ha ocurrido posiblemente a través de la importación autorizada
de granos de maíz transgénico procedente de Estados Unidos.
Scurrah et. al. (2005)[4] demuestran que existe flujo de genes desde
los cultivos de papa hacia sus parientes silvestres en Perú[5]
.
Otro resultado esperado en el proyecto es contar con evaluaciones de
riesgos y de gestión del riesgo ambientales de los 5 cultivos,
hechos desde una perspectiva riesgo/beneficio. ¿Qué beneficio
puede significar introducir plantas transgénicas su centro de
origen donde existen parientes silvestres de estas especies?.
En cuanto al monitoreo del flujo de genes en los 5 cultivos la propuesta
dice que se han hecho pocos estudios a gran escala, pero que es posible
hacer un monitoreo de los transgenes a nivel comercial (pág.
47) usando métodos disponibles. ¿Existen métodos
para hacer monitoreo a gran escala de cultivos transgénicos en
su centro de origen, y en zonas de tan alta diversidad como es América
Latina? ¿Se aplican estos métodos a las especificidades
y complejidades culturales de los países donde se pretende implementar
el proyecto ?
Por otro lado, esta afirmación demuestra (otra vez) que el interés
último del proyecto es la liberación de estos cultivos
a nivel comercial (en su centro de origen).
La propuesta añade que los métodos están disponibles
a nivel comercial, y en una nota al pie de página se hace referencia
a una firma especializada en hacer este tipo de trabajo. La nota dice
que la empresa puede hacer pruebas para casi todos los cultivos liberados
a nivel comercial. Sin embargo, aquí estamos hablando de cultivos
que no han sido liberados a nivel comercial, y con nuevas características.
Otro aspecto que aborda el proyecto se relaciona con los efectos de
los cultivos transgénicos en “organismos no-objetivos”.
Estos organismos no-objetivos son componentes importantes de la biodiversidad.
Recordemos que en esos países se ha registrado los índices
mas altos de biodiversidad del mundo. A pesar de ello, el objetivo del
proyecto es solamente minimizar impactos. Tratándose de centros
de biodiversidad, la única alternativa posible es evitar los
impactos.
2. 2. Evaluación socio económica
Otro objetivo del proyecto es mejorar
el entendimiento de los costos y beneficios económicos asociados
con el uso de cultivos transgénicos en América Latina
tropical, y mejorar la capacidad técnica de los países
de la región para hacer evaluaciones costo/beneficio desde el
punto de vista socio económico. A este respecto, el proyecto
hace referencia sobre al Artículo 26 del Protocolo de Cartagena,
que textualmente dice:
“1. Las Partes, al adoptar una decisión sobre la importación
…, podrán tener en cuenta… las consideraciones socioeconómicas
resultantes de los efectos de los organismos vivos modificados para
la conservación y la utilización sostenible de la diversidad
biológica, especialmente en relación con el valor que
la diversidad biológica tiene para las comunidades indígenas
y locales.
2. Se alienta a las Partes a cooperar en la esfera del intercambio de
información e investigación sobre los efectos socioeconómicos
de los organismos vivos modificados, especialmente en las comunidades
indígenas y locales”.
Queda claro que este artículo
hace referencia al valor que la biodiversidad tienen en las comunidades
indígenas y locales (en este caso la papa, el maíz y la
yuca, pero también el algodón y el arroz).
A pesar de ello, el proyecto tiene como objetivo, “desarrollar
destrezas para analizar los potenciales costos y beneficios de los transgénicos
en centros de diversidad, y construir una línea base que pueda
servir para monitorear el futuro progreso, en caso de que haya una expansión
de esos transgénicos en los países seleccionados”.
Es evidente que el proyecto está más orientado hacia evaluar
los potenciales beneficios de los cultivos transgénicos, que
los impactos reales sobre las economías agrícolas de los
países donde se implementaría el proyecto, y especialmente
en los sistemas productivos y la soberanía alimentaria de pequeños
agricultores, quienes son la inmensa mayoría en estos países.
Como metodología proponen adaptar métodos e instrumentos
para evaluar los impactos socio económicos de los cinco cultivos
en los países seleccionados.
La propuesta dice que “Algunos datos usados para evaluar el costo/beneficio
de los OGM son los mismos que se usan para evaluar tecnologías
agrícolas convencionales” y que apenas se requiere más
datos relacionados con los impactos ambientales de los transgénicos
y la aceptación de los consumidores. Es bastante caprichosa la
manera como el proyecto interpreta el artículo 26 del Protocolo.
A este le preocupa apenas la aceptación de los consumidores (posiblemente
europeos), y no el valor que los cinco cultivos tienen en las comunidades
locales y pueblos indígenas de la región y los posibles
impactos de su introducción como transgénicos.
Y por otro lado afirma que los métodos usados para evaluar los
impactos de los cultivos transgénicos son los mismos que los
utilizados en la agricultura convencional, y después pretende
que a través de este proyecto “se asegure un adecuado nivel
de protección en la región a la introducción, manipulación,
uso y experimentación de transgénicos en sus centros de
origen y en centros de diversidad”.
Pero quizás la pregunta de fondo que se debería plantear
es: ¿Existen métodos para evaluar los impactos socio económicos
de los cultivos transgénicos en su centro de origen, y en regiones
donde estos cultivos tienen un valor cultural, ritual y espiritual tan
importante para las comunidades locales, como son los casos de la papa,
el maíz y la yuca en la región andina, mesoamericana y
amazónica respectivamente?
Análisis costo beneficio y evaluación de riesgos
Es necesario hacer referencia al
tipo de análisis que se quiere utilizar: costo vs. beneficio.
Este es un método de análisis bastante cuestionado, pues
toma en consideración únicamente aspectos económicos,
y es cada vez menos utilizado en el análisis de problemáticas
complejas, como es la introducción de especies GM en sus centros
de origen.
El análisis multicriterio, por otro lado, busca integrar las
diferentes dimensiones de una realidad en un solo marco de análisis
para dar una visión integral y de esta manera tener un mejor
acercamiento a la realidad. El análisis multicriterio es una
herramienta adecuada para tomar decisiones que incluyen conflictos sociales,
económicos y objetivos de conservación del medio ambiente,
y además cuando confluyen una pluralidad de escalas de medición
(físicas, monetarias, cualitativas, sociales, etc.).
A pesar de ello, existen aspectos relacionados con valores culturales,
sociales y productivos de los agricultores campesinos indígenas
de los países que intervienen en el proyecto, que no se pueden
cuantificar y valorar únicamente con parámetros económicos
y por lo tanto las evaluaciones de riesgos de los cultivos transgénicos
no se pueden evaluar bajo los principios y metodologías planteados
en el proyecto.
La evaluación del riesgo, por otro lado ha sido también
bastante cuestionado como método para predecir los impactos de
los transgénicos en el medio ambiente natural y en las poblaciones
locales.
La evaluación de riesgo pone demasiada fe en la ciencia para
predecir daños en el medio ambiente, que en general, son complejos,
sin tomar en cuenta que muchos de ellos no pueden ser medidos.
Tomemos el caso de la contaminación de las variedades tradicionales
en el Sur de México. Ninguna evaluación de riesgo hubiera
sido capaz de predecir científicamente que ésta iba a
ocurrir, y por eso el Gobierno Mexicano aceptó importar maíz
transgénica para consumo humano (y aunque no lo aceptó
maíz GM para ser liberado en el ambiente). Las evaluaciones de
riesgo no tomaron en cuenta las complejidades económicas y culturales
de la sociedad mexicana, que produjeron como resultado dicha contaminación.
Por lo tanto, la efectividad de la evaluación del riesgo está
limitada por estos vacíos, lo que crea grandes incertidumbres
y debilitan el poder predictivo que la ciencia cree tener.
Aunque se considera que la evaluación de riesgos es una herramienta
científica para tomar decisiones; en realidad se basa tanto en
presunciones científicas como en decisiones políticas,
lo que hace que el instrumento sea subjetivo y no científico.
Una evaluación de riesgo convencional se basa en algunas conceptos
asumidos como son: “Existe una capacidad de introducir cultivos
transgénicos en su centro de origen y diversidad, sin que se
produzcan impactos, si se puede manejar el riesgo”.
La eliminación del riesgo no se contempla en la evaluación
del riesgo. Se trabaja para manejar el riesgo, no para eliminarlo o
prevenirlo. De hecho en el proyecto se habla de minimizar, restringir…
el flujo de genes, no de evitar la contaminación genética.
La evaluación del riesgo es susceptible de producir un alto grado
de incertidumbre. Se usan en general presunciones arbitrarias y pre-
establecidas, y se hace extrapolaciones de condiciones similares o parecidas.
En el caso del proyecto analizado, se pretende hacer extrapolaciones
que condiciones que ni siquiera son parecidas, y por eso se propone
tener como socios del proyecto a agencias de Estados Unidos, Canadá,
Argentina y Sud África (Ver más adelante). O usar metodologías
desarrolladas para otras realidades sociales y ambientales.
La evaluación del riesgo se enfoca en problemas que pueden ser
cuantificable. Trabaja con el concepto como ¿cuánta contaminación
es aceptable?, ¿con qué problemas estamos dispuestos a
vivir?, y no cómo prevenir los daños, o cómo buscar
alternativas agronómicas más seguras para los problemas
que se quiere resolver (en la biodiversidad regional hay muchas alternativas
para los cultivos seleccionados).
2.3. Concienciación pública y comunicación
en bioseguridad
Este es el tercer componente del
proyecto. Parte de la presunción que la información que
tiene el público en relación con los organismos genéticamente
modificados es alarmista y no está basada en la ciencia, y con
este proyecto se pretende tener una visión equilibrada sobre
los OGM.
En los distintos espacios de debate que tienen lugar en los cinco países
donde se va a implementar este proyecto, quienes defienden los cultivos
transgénicos se limitan a hacer una descripción de las
técnicas moleculares que se requieren para desarrollar un OGM.
No ha existido un verdadero debate científico por parte de ellos
sobre la bioseguridad ni sobre los impactos de los transgénicos.
Mucho menos cuando se trata de introducirlos en sus centros de origen.
Quienes han mantenido el debate científico en base a los pocos
estudios que existen en el mundo sobre los impactos de los OGM a nivel
de biodiversidad, salud humana, medio ambiente y en los aspectos socio
culturales, han sido los sectores que se oponen a la introducción
de los OGM en la región, por lo que la afirmación hecha
por los elaboradores del proyecto analizado (de que la opinión
de quienes se oponen a los OGM es alarmista y no está basada
en la ciencia), básicamente no es verdadera.
En los cinco países ha habido manifestaciones sociales muy importantes
en contra de la introducción de los OGM. Así, debido al
lobby de organizaciones de la sociedad civil, se ha paralizado en el
Congreso de Perú una propuesta de ley para promoción de
la Biotecnología (y que es mencionada en esta propuesta).
En Costa Rica hay por lo menos dos zonas declaradas libres de transgénicos
y un movimiento ciudadano muy fuerte en contra de los transgénicos.
En México existe una muy fuerte coalición en contra de
la contaminación de maíz nativo, y existen múltiples
acciones desde las comunidades indígenas y campesinas, para defender
el maíz frente a la contaminación genética. La
la reciente ley de bioseguridad (la misma que es mencionada en el proyecto),
fue aprobada con el rechazo mayoritario de la sociedad, por lo que fue
llamada “Ley Monsanto”.
En Colombia la sociedad civil ganó un demanda judicial que obliga
el trámite de licencia ambiental para la introducción
de cultivos transgénicos; pero el gobierno ha desconocido este
fallo y expidió un Decreto que cree las condiciones para la aprobación
de cultivos transgénicos en el país, norma que ha sido
fuertemente cuestionada por muchos sectores de la sociedad. Igualmente
en la región Caribe, en donde existe una gran diversidad de maíces
nativos y una fuerte cultura indígena alrededor del maíz,
estas poblaciones indígenas declararon su territorio libre de
transgénicos.
La sociedad brasileña, por otro lado, se encuentra totalmente
polarizada en torno al tema de los transgénicos. El grupo de
los agronegocios defienden una agricultura basada en OGM, en tanto que
organizaciones campesinas vinculadas con el Movimiento de los sin Tierra,
el Movimiento de los Pequeños Agricultores, etc. (para quienes
se redactó el Artículo 26 del Protocolo de Bioseguridad),
se oponen a esta.
En la reciente Reunión de las Partes del Protocolo de Cartagena
que se llevó a cabo en Curitiba, Brasil en marzo de 2006, los
movimientos sociales de todo el mundo, pero especialmente del Brasil,
lograron incidir para que los gobiernos mantuvieran la moratoria sobre
las tecnologías “Terminador”. También consiguieron
que el Gobierno de Brasil cambie su posición en relación
a la documentación que debe acompañar las importación
de transgénicos.
El proyecto pretende crear un cambio de paradigma en el debate público
por medio de ligar la bioseguridad con la biotecnología en cada
espacio público al que se pueda acceder. Se pretende conseguir
este objetivo a través de mensajes “basados en la ciencia
y no en el discurso público alarmista”.
En una palabra, lo que se quiere conseguir es una aceptación
pública a la introducción de cultivos transgénicos
en sus centros de origen y biodiversidad.
Relacionemos este componente del proyecto con el análisis que
se hace sobre los posibles riesgos que puede enfrentar la implementación
del mismo. Entre ellos se incluye el riesgo de que haya cambios electorales
en algunos de los países participantes, y que el nuevo gobierno
rechace la biotecnología. Se propone en ese caso, llevar a cabo
un proceso de “educación” a la nueva administración
sobre el proyecto y las metodologías.
3. Otros aspectos
3.1. Responsabilidad
civil y compensación
De alguna manera el proyecto prevé
que éste puede generar, a largo plazo, impactos que involucre
aspectos de responsabilidad civil y compensación, porque entre
los riesgos del proyecto se incluye el hecho de que en el Protocolo
de Cartagena se está negociando, y se debe adoptar para el año
2008, un régimen de responsabilidad civil y compensación.
3.2. Medidas de salvaguarda
La propuesta (en su Anexo 10) sostiene
que dado que el objetivo del proyecto no es sembrar cultivos transgénicos,
no se aplican las medidas de salvaguarda relacionadas con evaluación
ambiental, a pesar de que a largo plazo, el resultado de este proyecto
creará las condiciones en los países participantes, de
introducir transgénicos en sus centro de origen.
Tampoco considera que se deben considerar salvaguardas relacionadas
con políticas de pueblos indígenas, a pesar de que estamos
hablando de cultivos de gran importancia cultural, ritual y espiritual
para los pueblos indígenas como es el caso de la papa para los
pueblos andinos, de la yuca para los pueblos amazónicos y el
maíz para Mesoamérica y en la región Andina. Tampoco
se consideran salvaguardas relacionadas con manejo de plagas, a pesar
de que una de las principales características introducidas en
los cultivos transgénicos se relaciona con el tema de manejo
de pestes lo que ha conllevado a un incremento en el uso de plaguicidas
(Benbrook, 2004)[6] [7].
3.3. Otros socios del proyecto
El proyecto propone incorporar a
otros socios que podrían aportar en el desarrollo del proyecto.
Desde sus especificidades, todos ellos promueven la introducción
comercial de cultivos transgénicos. Entre los que se incluye:
Public Research & Regulation Initiative (PRRI) que fue la única
organización que durante las negociaciones de la VIII Conferencia
de las Partes del Convenio de Biodiversidad (Curitiba – Brasil),
que tomó la palabra para defender las tecnologías de restricción
genética, conocida más comúnmente como Tecnologías
Terminador. Esto, a pesar de que mas de 10.000 representantes de organizaciones
campesinas e indígenas de América Latina, particularmente
del Brasil, uno de los países participantes de este proyecto,
se manifestaron en contra de la posibilidad de que se acepten estos
cultivos sobre la base de análisis de riesgos caso por caso.
AgBIOS: es una empresa privada canadiense que da asesoría a empresas
comerciales que buscan aprobación para introducir productos biotecnológicos,
y que trabaja con otros sectores públicos y privados que buscan
clarificación en temas asociados con el desarrollo y utilización
de procesos y productos biotecnológicos. Trabajan también
en el desarrollo de políticas y regulación de nuevos alimentos,
cultivos y árboles transgénicos. No trabaja en el campo
de la bioseguridad, es decir en evitar los riesgos provenientes de la
ingeniería genética.
AfricaBIO es una organización creada por la empresa privada biotecnológica,
para promover los cultivos transgénicos en África.
Se propone además incluir a organizaciones públicas provenientes
de países que no siquiera han firmado el Protocolo de Cartagena
(aunque el propósito del proyecto es la implementación
del Protocolo), y que a través del llamado Grupo de Miami obstaculizaron
la negociación de este protocolo internacional[8] .
Entre estas organizaciones se incluye el FDA que es la agencia que regula
la aprobación de nuevos alimentos transgénicos en Estados
Unidos. En un estudio hecho sobre el sistema regulatorio de alimentos
transgénicos en Estados Unidos revela que los análisis
son hechos en base a información proveniente de las propias empresas[9]
. A inicios de junio del 2006, la FDA recibió una demanda legal
por parte de un grupo de consumidores (The Centre for Food Safety) para
obligar al gobierno de Estados Unidos a llevar a cabo una revisión
de todos los alimentos transgénicos aprobados, y el etiquetaje
de los mismos. Ellos piden de que el proceso debe ser hecho bajo un
riguroso proceso científico, pues hasta el momento la aprobación
de nuevos alimentos no han sido evaluados de una manera científica[10]
.
El APHIS es el servicio del Departamento de Agricultura de Estados Unidos
encargado de la inspección de la salud vegetal y animal. En 1987
APHIS estableció un sistema inadecuado de monitoreo a los OGM
que van a ser evaluados en el campo, pero que mas tarde evoluciona hacia
un sistema de desregulación. En 1993, anunció que se permitiría
que ciertos cultivos sean sembrados sin un permiso, y requerían
simplemente una notificación, incluyendo: maíz, algodón,
papa, soya, tabaco y tomate, así como cualquier especie adicional
que se determine que puede ser introducida de manera segura. En 1995
el 87% de las pruebas de campo se hacían con un formato simplificado,
y la meta era que el 99% de los estudios de campo se hagan sólo
a través de una notificación. Entre 1987 y 2004, el APHIS
había recibido 11.090 aplicaciones para liberar cultivos genéticamente
modificados en el medio ambiente. De estas, se habían aprobado
10.296, permitiendo 18.608 liberaciones en el campo en 47.219 sitios[11]
. El APHIS es una agencia que facilita las pruebas de campo de organismos
genéticamente modificados, y aquí estamos hablando de
evitar riesgos de introducción de cultivos en su centro de origen,
no en facilitar su ingreso, que es el insumo que podría aportar
el APHIS en el proyecto. En un estudio reciente del Center for Food
Safety, encontró que las regulaciones con las que trabaja el
APHIS son inadecuadas para controlar el flujo de genes desde variedades
cultivadas a sus parientes silvestres[12] .
La EPA es la agencia de protección
ambiental de Estados Unidos, y regula las plantas transgénicas
insecticidas (como el algodón y el maíz Bt). La EPA no
recolecta datos propios sobre los potenciales impactos en la salud de
los cultivos transgénicos que aprueba y acepta los análisis
hechos por las empresas, con estándares científicos muy
pobres. EPA ha ignorado las evidencias de investigadores independientes,
cuando estas evidencias entran en confrontación con los intereses
de las empresas. EPA elevó los niveles permitidos de residuos
de plaguicidas en los cultivos, para facilitar la introducción
de transgénicos tolerantes a herbicidas[13] .
USAID ha servido para promover la agenda norteamericana para expandir
transgénicos en el África y en otros continentes[14] .
CONCLUSIONES
América Latina es la región
con mayor biodiversidad agrícola del planeta. Esta biodiversidad
se corresponde con una biodiversidad cultural que está conformada
por los pueblos indígenas y comunidades campesinas que han conservado,
recreado y utilizado esta biodiversidad, y mantienen una relación
espiritual muy especial con ella.
El maíz, la papa y la yuca constituyen los cultivos muy importantes
para las comunidades mesoamericanas, andinas y amazónicas. La
introducción de variedades genéticamente modificadas de
estos cultivos en la región, puede tener impactos socio económicos,
culturales y sociales de muy graves, especialmente entre las comunidades
y pueblos indígenas ligados a la biodiversidad.
El arroz es también un cultivo de gran importancia regional,
pues constituye parte de la dieta básica de esas comunidades.
El proyecto GEF que se está analizando, tiene como objetivo a
largo plazo, facilitar la introducción de variedades transgénicas
con fines comerciales y de experimentación justamente de los
cultivos más importantes para las comunidades indígenas
y locales de los países en los que se implementaría el
mismo.
Este proyecto tendría también impactos negativos sobre
la biodiversidad regional, pues el proyecto facilitaría el ingreso
de cultivos transgénicos en sus centros de origen. La contaminación
genética de las variedades criollas y de los parientes silvestres
de los cultivos, pondría en riesgos dichos cultivos porque tanto
las variedades tradicionales como los parientes silvestres de los cultivos,
han servido para programas de mejoramiento.
Dado que la intención es que esta experiencia sea replicable
a otros países, este proyecto puede tener un impacto grave para
toda la región, especialmente en los países donde estos
cultivos tienen importancia cultural, social y económica, puesto
que los cultivos convencionales podrían contaminarse genéticamente,
a través del comercio internacional de productos agrícolas,
del flujo de genes y de prácticas tradicionales (como llevar
semillas de un país a otro).
Un resultado final de este proyecto puede ser que las comunidades campesinas
e indígenas, se queden sin alternativas y tengan que recurrir
a semillas transgénicas patentadas, que pagar regalías,
y aumentar su dependencia a las empresas transnacionales.
Por estas consideraciones, y otras que han sido analizadas en este documento,
consideramos que este proyecto no puede ser financiado ni implementado.
NOTAS:
[1] Union of Concerned Scientists. 2004. Gone to the Seed. Transgenic
Contamination in the Tradicional Seed Suply.
[2] Jarvis, Devra I. and Toby
Hodgkin. 1999. Wild relatives and crop cultivars: detecting natural
introgression and farmer selection of new genetic combinations in agro-ecosystem..
Molecular Ecology 8, S159-S173.
[3] Quist & Chapela. 2001.
Transgenic DNA introgressed into tradicional maize landraces in Oaxaca,
Mexico. Neura. Vol. 414, 29 November 2001.
[4] M. Scurrah, S. Chumbiauca,
A. Salas, R. Canto, J. Arcos, C. Celis, R. Visser, S. Cowgill, H. Atkinson.
2005. Dinámica de flujo de genes en el cultivo de papa y sus
parientes silvestres en el Perú. El caso: variedades transgénicas
con resistencia a nematodos. Séptimo Congreso Nacional de la
RAAA, Arequipa
[5] Ver también Humán,
Z. 2005. Panorama de los transgénicos en el Perú. Posibles
efectos en la Biodiversidad. Ponencia presentada en el Seminario “Impactos
de los transgénicos en la agricultura sostenible” Arequipa
noviembre 2005.
[6] Benbrook, C,M. 2004. Genetically
Engineered Crops and Pesticide Use in the United States: The First Nine
Years. BioTech InfoNet Technical Paper Number 7.
[7] Benbook, C. N. 2005. Rust, Resistance, Rum Down Soils, and Rising
Cost – Problems Facing Soybean Producers in Argentina. Technical
Paper No. 8
[8] Se incluye organizaciones públicas de Estados Unidos, Canadá
y Argentina, los tres países forman parte del Grupo de Miami,
y ninguno de los tres han ratificado el Protocolo de Cartagena.
[9] “Safety Testing and
Regulation of Genetically Engineered Foods” By William Freese
& David Schuber. 2004. Biotechnology and Genetic Engineering Reviews
[10] Reuters. Friday, June 09,
2006
[11] TexPIRG. 2005 Raising Risk.
Field Testing of Genetically Engineered Crops in the United States .http://www.pirg.org/alerts/route.asp?id2=16715
<http://www.pirg.org/alerts/route.asp?id2=16715>
[12] Gurian-Sherman, D. 2006.
Contaminating the Wild? Gene Flow from Experimental Field Trials of
Genetically Engineered Crops to Related Wild Plants. Centre for Food
Safety. Washington D.C.
[13] “Safety Testing and
Regulation of Genetically Engineered Foods” By William Freese
& David Schuber. 2004. Biotechnology and Genetic Engineering Reviews
[14] Una revisión completa
del tema se puede encontrar en GRAIN. 2005. USAID in Africa: “For
the American Corporations” Seedling No. 20.