Contribución
de la Via Campesina en la lucha global contra el crimen
organizado de las empreses biotecnológicas
por Elizabeth
Bravo
Ninguna nueva tecnología
agrícola ha tenido tanta oposición como la lucha contra
los organismos genéticamente modificados. Campesinos, consumidores,
ecologistas, líderes religiosos, organizaciones de desarrollo
han puesto de manifiesto su rechazo a este intento diseñado por
la industria biotecnológica, para controlar la actividad más
vital del ser humano como es la alimentación.
La introducción
de semillas transgénicas en la producción alimenticia,
defiende objetivos opuestos a la soberanía alimentaria. El principal
interés para que se permita la introducción masiva de
transgénicos en el campo, es porque sobre semillas se reconocen
derechos de propiedad intelectual, porque estas se venden atadas a un
paquete tecnológico que produce insumos producidos por el mismo
puñado de empresas biotecnológicas que producen las semillas.
Los agricultores que deciden entrar en la cultura de los transgénicos,
se ven sujetos a obedecer un contrato que permite a la empresa inspeccionar
sus cultivos para evaluar su cumplimiento, a pagar un valor adicional
por hectárea por la transferencia de la tecnología genética,
y muchos agricultores han tenido que enfrentar casos legales y hasta
han perdido sus tierras porque la empresa ha considerado que han violado
los términos del contrato.
El dirigente del Movimiento
sin Tierra, Joao Pedro Stedille, ha dicho que un pueblo sin soberanía
alimentaria es un pueblo esclavo, dependiente. Bien podríamos
añadir que el país que opta por basar su agricultura en
las semillas transgénicas, pierde su soberanía alimentaria,
y por lo tanto es un país esclavo. Por eso el enfoque de lucha
de la Vía Campesina es para la construcción de pueblos
soberanos.
La lucha de la Vía
Campesina en contra de los cultivos transgénicos, es también
en contra del modelo neoliberal y sus nefastas políticas de ajuste
estructural que niegan a las poblaciones el derecho humano a la alimentación.
El principal organismo promotor de este modelo, la OMC, pero también
el ALCA y los cuerdos bilaterales de libre comercio, buscan favorecer
a las empresas biotecnológicas. Obligando a los países
a reconocer patentes sobre semillas transgénicas, para después
imponer su uso a los países pobres y obtener ganancias por el
pago de regalías.
Las organizaciones que
son parte de la Vía Campesina alrededor del mundo, se han opuesto
a la introducción de semillas transgénicas en la agricultura
desde que estas empezaron a comercializarse de manera masiva. Esto hizo
que en 1999, el líder de la Confederación de campesinos
de Francia José Bové fuera detenido, esposada y apresado
por seis semanas. El eco de las protestas se escucharon en todo el mundo.
En esta lucha, la Vía
Campesina ha jugado un papel fundamental.
La lucha de la Vía
Campesina se diferencia de otras formas de lucha en contra de los cultivos
genéticamente modificados, porque no se ha limitado únicamente
ha hacer cuestionamientos a la tecnología, ni se ha centrado
solamente en criticar que el impacto que estas nuevas semillas tendrán
en la salud humana, o por la posible contaminación genética
en cultivos orgánicos o convencionales. Esta incluye además
una oposición a las patentes y del reconocimiento de otras formas
de propiedad intelectual sobre la vida, en contra de la apropiación
monopólica del germoplasma, y por el libre intercambio de semillas.
Entre las acciones de las
organizaciones que son parte de la Vía Campesina alrededor del
mundo, se destacan la quema de semillas, ensayos y cultivos transgénicos
en distintas partes del mundo.
Las primeras acciones fueron
hechas visibles en Francia, cuando José Bové y otros dirigentes
de la Confederación Campesina, cuando organizaron la destrucción
de maíz genéticamente modificado, que estaba guardado
en los silos de la empresa suiza Novartis, como respuesta a la forma
en que los cultivos trangénicos habían sido introducidos
en Europa.
Luego de la quema, ellos
dieron que "No es porque seamos pasados de moda, o porque sintamos
añoranza por los viejos tiempos, sino porque nos preocupa el
futuro. Al momento, nadie inteligente puede afirmar que el maíz
transgénico es un buen ejemplo de progreso, ni para la agricultura
ni para la economía de un país. Por otro lado, existe
una gran preocupación tanto en la salud humana como en el medio
ambiente relacionada con estos cultivos".
Ellos reconocieron que,
aunque su acción fue ilegal, es totalmente legítima.
José Bové
fue detenido, esposado y apresado por seis semanas, debido a sus acciones
en contra de las grandes transnacionales de la alimentación.
En la India, la organización
de la Vía Campesina KRRS de Karnataka, al sur del país,
redujeron a cenizas los tres campamentos de experimentación de
Monsanto existentes en la región. Posteriormente, se lazó
la campaña "Monsanto sal de la India", como conmemoración
del aniversario del día en que Gandhi le dijo a los británicos
que salgan de la India. 10.000 personas enviaron su mensaje a la empresa,
pidiéndole que salga.
Esto fue una respuesta
al hecho de que Monsanto había comprado la más grande
empresa de semillas de la India -MAHYCO- y a la adquisición del
más importante instituto de investigaciones del país,
el Instituto Indio de Ciencias en Bangalore. Adicionalmente, el Gobierno
permitió la libre importación de soja, por lo que las
personas que conforman la campaña "Mujeres por el Derecho
a la alimentación" protestaron ante la posibilidad de ser
alimentadas con soya transgénica. Como reacción a estas
acciones, Monsanto inició una campaña de pruebas de su
algodón transgénico, sin que contara con el permiso de
la autoridad regional, ni de las comunidades locales.
Una alianza de organizaciones
campesinas, quemaron un predio donde Monsanto llevaba a cabo pruebas
de algodón transgénico. Varios años después
de adoptadas las semillas de algodón Bt, el Estado ha visto la
necesidad de hacer una evaluación sobre los impactos de esta
nueva tecnología.
Por otro lado en Brasil,
el Movimiento sin Tierra, miembro de la Vía Campesina, ha librado
una fuerte oposición a la introducción de semillas transgénicas
en su país. El Brasil es el segundo productor de soya a nivel
mundial, por lo que ocupa un lugar importante en la estrategia geopolítica
de Monsanto, no sólo porque puede vender semillas e insumos,
sino porque la aceptación de transgénicos en Brasil, cambia
el escenario de la agricultura biotecnológica en el mundo, porque
dejaría sin oferta de soya no transgénicas al mercado
mundial. A eso responde todos los esfuerzos puestos por Monsanto para
que Brasil ingrese al selecto grupo de países productores de
OGM, como el establecimiento de una red clandestina para distribuir
semillas transgénicas a los campesinos. La principal fuente de
semillas fue Argentina. Cuando sube Lula, había ya plantaciones
de soya transgénica bien establecidas, especialmente en Río
Grande de Sur. Las organizaciones brasileñas llaman a estas maniobras
de Monsanto como un crimen organizado, por haber difundido transgénicos
en el país, yéndose en contra de la institucionalidad
y para intimidar a la gente.
Las acciones del MST ha
incluido la quema de ensayos y plantaciones transgénicas ilegales,
la toma de un campamento donde Monsanto llevaba a cabo pruebas experimentales
son semillas genéticamente modificadas de maíz. Hoy este
es un centro de investigación sobre agroecología, llamado
Centro Chico Méndez.
El Movimiento sin Tierra
ha mantenido una presión constante al actual gobierno para impedir
el ingreso masivo de semillas transgénicas al país, ya
autorizadas por el Gobierno.
La Vía Campesina
ha reiterado su firme y solidaria de continuar luchando en forma organizada
contra el modelo neoliberal y sus nefastas políticas de ajuste
estructural exigiendo que se garantice el derecho humano a alimentarse
y a la soberanía alimentaria de los pueblos, el respeto a la
biodiversidad de nuestros propios recursos naturales, la eliminación
de los organismos genéticamente modificados (transgénicos)
por ser lesivos a la humanidad y el acceso de los campesinos, campesinas
y pueblos étnicos a las tierras que históricamente les
pertenecen.
Las campañas de
Vía Campesina en contra de los organismos genéticamente
modificados, y todo el modelo económico que los sustenta y al
que sirven, han servido de inspiración a otras organizaciones.