Transgénicos, amenaza
para los bebés
Silvia Ribeiro*
La Jornada, México,
Martes 24 de enero de 2006
http://www.jornada.unam.mx/2006/01/24/026a1pol.php
Un nuevo estudio científico
mostró que más de la mitad de las crías de ratas
de laboratorio cuyas madres fueron alimentadas con soya transgénica
durante la gestación murieron en las tres primeras semanas de
vida. Esto significa un promedio seis veces más alto que otras
ratas que recibieron alimentación normal.
La noticia fue difundida el 8 de
enero pasado en el diario británico The Independent, que meses
antes también entregó al público un informe secreto
del gigante biotecnológico Monsanto, el cual mostraba que ratas
alimentadas con maíz transgénico de esa compañía
habían sufrido cambios en sus órganos internos, indicando
posibles daños al sistema inmunológico.
El nuevo estudio, que se estima
es el primero en investigar los efectos de los transgénicos en
fetos y crías, está a cargo de la doctora Irina Ermakova,
investigadora del Instituto de Neurofisiología de la Academia
de Ciencias de Rusia. El experimento consistió en agregar harina
de soya transgénica resistente al herbicida glifosato (conocido
como soya RR de la empresa Monsanto) a la alimentación de un
grupo de ratas hembras, dos semanas antes, durante la gestación
y la lactancia. Otro grupo de ratas recibió harina de soya no
transgénica y un tercer grupo no recibió soya durante
el mismo periodo. Ermakova encontró que 36 por ciento de las
crías del grupo alimentado con transgénicos sufrían
de peso severamente inferior a lo normal, comparado con 6 por ciento
en los otros grupos. Pero lo más alarmante fue que 55.6 por ciento
de las crías del grupo alimentado con soya transgénica
murieron en las primeras tres semanas, comparadas con 9 por ciento de
las crías del grupo alimentado con soya normal, y 6.8 por ciento
en el que no recibió soya.
La doctora Ermakova declaró
a The Independent que "la morfología y la estructura bioquímica
de las ratas es similar a la de los humanos, lo que hace que estos resultados
sean muy alarmantes... Indican que podrían existir riesgos para
las madres y sus bebés".
En noviembre de 2005, el centro
de investigación científica más importante de Australia,
Commonwealth Scientific and Industrial Research Organisation (CSIRO),
abandonó un proyecto de diez años y 2 millones de dólares
para crear chícharos (arvejas) transgénicos, luego de
que la experimentación en ratas mostró una reacción
alérgica que consideraron podría implicar serios riesgos
para el consumo humano.
El caso es muy significativo, porque
al chícharo se le habían insertado genes de un frijol
cuyo consumo como tal no produce alergias. La combinación tenía
por objetivo hacer los chícharos resistentes a los ataques de
gorgojos. Según los investigadores del CSIRO, los genes de frijol
insertados en los chícharos se expresaron de manera sutilmente
distinta, lo cual desencadenóla reacción alérgica.
Esto muestra una vez más lo que muchos científicos sospechan,
pero casi nadie recibe fondos para investigar: la transferencia de genes
crea proteínas similares, pero con pequeñísimas
diferencias que tienen efectos en los organismos vivos, muy distintos
de las proteínas originales. Actualmente, ni la soya ni el maíz
transgénico que se comercializan pasan por este tipo de pruebas
en animales, que solamente se aplican cuando se trata de transgénicos
de uso médico.
Paul Foster, de la Universidad Nacional
de Australia en Canberra, quien dirigió el equipo de evaluación
inmunológica de los chícharos, alimentóratones
con los chícharos transgénicos, notando una reacción
alérgica inesperada. También expusieron ratones a esa
proteína transgénica purificada, inyectándola en
las vías sanguíneas y a través de inhalación.
Los ratones inyectados mostraron hipersensibilidad en la piel, y los
que la inhalaron sufrieron inflamación y daños pulmonares.
Paradójicamente, mientras
van aumentando las evidencias de que los transgénicos tendrían
impactos importantes en la salud de los consumidores, Monsanto, principal
productora de transgénicos del mundo, anuncia que ha tenido resultados
económicos extraordinarios. Y según las estadísticas
de las empresas productoras de transgénicos, en 2005 estos cultivos
se habían expandido a más de 400 millones de hectáreas
en el mundo.
Lo que estas empresas no dicen es
que esta expansión tóxica se produce con el ocultamiento
de datos reales sobre los cultivos transgénicos: pueden causar
daños a la salud, rinden menos, usan más químicos
y son mucho más caros que los cultivos convencionales. A esto
se agrega que los cultivos campesinos contaminados por éstos,
como el maíz, sufren deformaciones y quién sabe qué
más en los próximos años.
Es altamente probable que el maíz
y la soya transgénica que se han colado en nuestra alimentación
produzcan alergias y otros daños a la salud. No lo podemos saber,
porque, además de que las empresas han saboteado con éxito
el que sean etiquetados, las regulaciones para liberarlos al consumo
o para cultivarlos no exigen el tipo de pruebas que los estudios científicos
han aplicado en los casos referidos.
No es necesario que un producto
sea bueno, en ningún sentido, para llegar al mercado. Alcanza
con el poder de las trasnacionales para pagar propaganda mentirosa y
comprar gobiernos y legisladores corruptos.
* Investigadora del Grupo ETC